miércoles, 30 de noviembre de 2016

Después de la presentación

Tras una presentación tan emotiva de mis Catorce lunas llenas en León, no puedo ni quiero dejar de dar las gracias a cuantos la hicieron posible: a la dirección y al personal de su Conservatorio de Música Profesional, a esos genios de la Armonía llamados Noelia (soprano) y Héctor (piano), a esa maga de la Interpretación que ya no sé si es Luna o Carolina, al escritor Manuel Martínez por su apoyo en los juegos de imagen, a Lolo por su ingenio y tantas ilustraciones... Y, cómo no, a las más de 300 personas -entre ellas muchos niños, de lo más participativos- que llenaron el Auditorio Ángel Barja.
Temíamos que algo no cuadrase, pero todo salió redondo. Y es que fue una tarde inolvidable... De esas que te animan a seguir contando.

jueves, 24 de noviembre de 2016

"Catorce lunas llenas" en Lecturafilia

La luna siempre ha inspirado a las plumas más nocturnas, y por eso son muchos los escritores y escritoras que crean sus historias por la noche, o al menos una gran parte de ellas. Si a esa inspiración le añades la falta de tiempo durante el día, la noche se torna el único momento destinado al goce de la soledad.
En ese tiempo, y con la luna como vigilante y protagonista, Manuel Cortés escribió su reciente recopilación de cuentos, Catorce lunas llenas, dedicados esta vez a su segunda hija Amalia, con el objetivo de que la literatura creada por un padre lleno de amor pueda ayudarla a crear bonitas cosas en un mundo que no es el mejor ni el más perfecto, pero sí es el suyo.
Tras la publicación de Nanas para un Principito, que había escrito para su primer hijo Manuel, el autor zaragozano vuelve a demostrar que solamente los cuentos nos pueden hacer la vida más fácil y que la esperanza debe ser el pilar fundamental de la existencia. Por eso, en estas Catorce lunas llenas volvemos a ser testigos de las vivencias de Manuel por el mundo, que se resume en los viajes que ha hecho y en los cuales ha aprendido un poco de todos los seres humanos que poblamos este planeta tan diverso. Manuel es también médico, pero desde que su abuelo le contara relatos de pequeño, hizo de su vida un continuo cuento, en el que la esperanza es el color con el que se tapiza todo. Y es que puede haber momentos buenos y malos, pero lo que queda con la literatura de Manuel es que todo depende del prisma con el que se mire.
Catorce lunas llenas no es más que una continuación de ese primer compendio de cuentos dedicados a su primer hijo, y el sistema es el mismo. Y es que aquí se completan las historias con una serie de ilustraciones esbozadas por José Manuel Redondo Lolo, lo que añade más cuidado al libro que tenemos entre manos.
Literatura y arte se suman una vez más para demostrar que los cuentos no tienen una sola edad, sino que se recomiendan tenerlos en cuenta a lo largo de toda nuestra vida, pues son una fuente viva de enseñanzas y nos permiten recuperar la sensación de volver a ser niños.
A día de hoy, tras la lectura de todos los libros de Manuel Cortés, y tras muchas historias sobre su vida y sus cuentos, tengo la bonita sensación de que es ya como si lo conociese en persona.
La transparencia de su obra me hace evocar que lo que en ella se narra me lo estuviese contando a mí en un café un día cualquiera tras muchos años sin vernos. Esta es otra de las magias de ese arte llamado Literatura.

Nota: Reseña a propósito de mi libro Catorce lunas llenas, editado en el portal literario Lecturafilia.

martes, 22 de noviembre de 2016

Presentación de "Catorce lunas llenas" en León

Este próximo viernes 25 de noviembre, a las siete y media de la tarde, presentaremos en el Auditorio Ángel Barja del Conservatorio Profesional de Música de León (calle Santa Nonia, 11) mi libro de cuentos Catorce lunas llenas, primer premio en el XXXVIII Certamen Literario Carta Puebla. Allí contaré con la colaboración de un grupo de amigos estupendos: Lolo (ilustrador de la obra, quien siempre hace bueno el dicho de que una imagen vale más que mil palabras), Carolina Aller (actriz de vanguardia, que representará las distintas fases lunares), Héctor Sánchez (piano), Noelia Álvarez (soprano, ambos con un repertorio excepcional)... Además del personal del Conservatorio, a quien agradezco muchísimo las facilidades prestadas para que todo salga bien.
Será un acto lleno de Música, Interpretación, Ilustraciones y Cuentos, en torno a nuestra Luna, al que por supuesto estáis superinvitados.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Vacunas, tendiendo puentes con los ciudadanos

Bajo el lema Vacunas, tendiendo puentes con los ciudadanos, los días 17 y 18 de noviembre se celebrará en Zaragoza el IX Symposium de la Asociación Española de Vacunología; un encuentro de primera línea en el que participarán los mejores expertos del país.
Desde mi condición de médico epidemiólogo, responsable de un Centro Internacional de Vacunación, acudiré como asistente. Mi objetivo: aprender cuanto pueda de ellos para mejorar luego en el ejercicio del día a día.
Será una visita de cuarenta y ocho horas a mi Zaragoza natal, en la que solo habrá tiempo para las ponencias, la familia y algún paseo nostálgico por el centro de su ciudad. Por ello, que me disculpen muchos amigos de allí, pues en esta ocasión no podré verles. Eso sí; a cambio les emplazo ya al lunes 5 de diciembre, cuando presentaremos ese libro de cuentos titulado Catorce lunas llenas, que precisamente incluye un relato a propósito de tales vacunas.

lunes, 14 de noviembre de 2016

La batalla de la Luna

En esta noche de superluna, comparto esta purakau o leyenda maorí, titulada precisamente La batalla de la Luna, incluida en mi libro Catorce lunas llenas.

Cuenta una Purakau que hubo un tiempo en que Rona –la hija de Tangaroa, el dios del mar de los maoríes- se encargaba de todo lo que no era de nadie, regulando la subida y la bajada de las mareas de cada océano de nuestra Tierra.
Cierta noche, mientras llevaba a casa un cántaro lleno de agua para su familia, la Luna –Marama, en idioma maorí- decidió esconderse entre las nubes, oscureciendo así el camino. De manera que ante la falta de luz, Rona tropezó con una raíz y cayó, derramando todo su contenido por el suelo.
Dolorida y molesta con la Luna, a quien culpaba de tal entuerto, la diosa comenzó a proferir insultos sobre ella. La Luna los escuchó y se sintió ofendida, decidiendo en represalia tomarla por la fuerza y llevársela consigo junto a su cubo. Al principio Rona se resistió, agarrándose a las ramas del árbol con cuyas raíces había tropezado; pero al final no pudo resistir, acabando este junto a ella en la superficie de aquel satélite.
Desde entonces la hija del dios del mar permanece allí, siendo muchos los poetas que –hayan escrito o no algún poema en su vida- creen ver la cara de esa mujer en tantas noches de plenilunio… Muchos los maoríes convencidos de que únicamente llueve cuando ella tropieza de nuevo,  derramando su cántaro desde allá arriba… Muchas las tribus que relacionan aquel árbol con el poder sobre la fertilidad que se atribuye al astro… Y muchísimas las personas que reconocen la influencia de esa Luna sobre el agua de este mundo –máxime cuando nosotros mismos lo somos en el 70% de nuestro cuerpo- y en especial, gracias a Rona, sobre las mareas.
Esta leyenda termina así... Si no te ha gustado nada, probamos con otro fin.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Francisco Nieva, in memoriam

Acabo de enterarme de que ayer jueves fallecía en su domicilio de Madrid el dramaturgo Francisco Nieva, galardonado entre otros con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras o el Premio Nacional de Teatro. Aun cuando habíamos compartido editorial (Ediciones Irreverentes) e incluso premio literario (él ganó la primera edición del Nacional de Novela Ciudad Ducal de Loeches, y yo la sexta), no lo conocí personalmente... A cambio, he leído varias de sus obras; la última de ellas, esa Catalina del Demonio en la que jugaba magistralmente con el sainete y la comedia de costumbres.
Nieva afirmó en cierta ocasión que "cuando se hacen las maletas debe tenerse un espíritu abierto a todas las sorpresas, a no fatigarse, a no ser caprichoso, a comer bien y a beber mejor". Estoy convencido de que habrá tenido en cuenta cada una de sus apreciaciones de cara a este último viaje que acaba de emprender.
Francisco Nieva, maestro, descanse en paz.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Paradojas

Vivimos en un mundo que desborda paradojas. Los teléfonos son móviles; muchas bicicletas, estáticas. Para que un banco te conceda un crédito, debes demostrarle antes que no lo necesitas... E incluso el refranero lo tiene muy claro: quien bien te quiere, te hará llorar.
Dicho esto, compartiré que últimamente escucho demasiado la frase "No me parece ético". Cuatro palabras subjetivas, que denotan un doble dictamen: el de la valoración de un hecho concreto, pasada por el filtro de la supuesta ética de quien te juzga. La repiten ciertos políticos de todo el arco parlamentario, en nuestro trabajo, el presidente de mi comunidad de vecinos... Pues bien, desde el fondo más humanista de este corazón, he encontrado en ella otra paradoja enorme: pocos tendrían más que callar desde ese punto de vista ético que quien constantemente te enjuicia desde él.

martes, 8 de noviembre de 2016

Enseñando a crecer

Ser padre es uno de los roles más difíciles que he desempeñado en mi vida. Anticipo que me siento encantado, afortunado y agradecido con ello, pero también asumo que en muchas ocasiones no sé cómo responder. Por ello, desde antes incluso de que Manuel pequeño y Amalia llegasen a nuestro lado, he querido formarme al respecto para ejercer esa paternidad de la mejor manera posible.
Así, y aun cuando partía de cierto escepticismo, hemos leído algunos libros especializados, compartido vivencias, asistido a una escuela de padres/madres, e incluso realizado distintos cursos, recogiendo de cada uno de ellos cuanto luego pudiera sernos de utilidad.
Desde la experiencia que otorga el haber participado de tantas actividades en este y otros ámbitos, quiero reconocer que el último al que he asistido, titulado Enseñando a crecer, ha sido especial. Primero por la calidad humana y profesional de sus dos ponentes, Javier Bolaños y David Casado; segundo, por la implicación de cada una de las familias asistentes... Y tercero, porque en él se ha trabajado con rigor una perspectiva que cada vez se está implantando más en el ámbito educativo: potenciar nuestras capacidades -antes que penalizar las posibles carencias- y, sobre todo, creer firmemente que en cada momento somos y seremos la mejor versión de nosotros mismos.
En este contexto de aprendizaje continuo, recuerdo aquel proverbio que alguien compartió conmigo en un lugar muy lejano: "Gobierna tu casa y sabrás cuánto cuesta la leña y el arroz; cría a tus hijos y sabrás cuánto debes a tus padres".

jueves, 3 de noviembre de 2016

¡Feliz aniversario, papás!

La verdad es que me acuerdo mucho de mis padres. Y en ese acordarme de ellos, comparto que tal día como hoy, hace ya unos cuantos años, se conocieron. Fue en un baile vespertino de domingo. Papá presumía de que la conquistó con sus cambios de ritmo. Mamá siempre dijo que afortunadamente no fue por eso.
Cada tres de noviembre lo celebrábamos en casa de una manera especial. Nuestros postres de ese día sabían a chocolate.
Sigo lamentando que se marcharan así, tan pronto y por esa imprudencia de un tercero; aunque eso sí, juntos, como siempre vivieron desde aquella tarde.
Confieso que les sigo sintiendo cerca y, sinceramente, creo que acostumbran a ir conmigo: allanando mis montañas, susurrándome algún cuento, jugando al lado mismo de Manuel pequeño o Amalia... Y cómo no, pintándome las mil sonrisas que desde aquel domingo lejano se deseaban cada mañana.
El chocolate se está calentando. ¡Feliz aniversario, papás!

miércoles, 2 de noviembre de 2016

La importancia de una sola letra

Leo con tenue sonrisa que, al enviar un mensaje a cierto amigo de infancia al que hacía mucho tiempo que no veía, el corrector ha jugado una mala pasada al delegado en Teruel de la Diputación General de Aragón. Y es que confundió una "f" por una "r", cuando quería expresarle que "las buenas relaciones nunca se olvidan". La oposición aún se sigue burlando.
Admito que tanto en mi vida profesional como literaria, he vivido circunstancias parecidas, en las que una sola letra podía cambiar el contenido y la intención de cualquier frase. Recuerdo que en cierto juicio al que acudí como testigo, por ser el médico que había atendido a la víctima, el juez comentó refiriéndose a mí que "eso ya lo había dicho antes el dicente". Como este último término no me sonaba de nada, entendí Vicente, por lo que apunté: "Disculpe, su señoría, pero me llamo Manuel". "¿A qué viene esa observación?", me replicó en tono agrio. Y cuando comenté que le había entendido que me había llamado Vicente, alzó la voz para aclararme: "He dicho dicente, con "d", del que dice". Aun cuando pueda parecer simpático, doy fe de que no le hizo ninguna gracia.
De entre los diversos equívocos que he vivido como escritor, me quedo con aquella carta que recibió mi editor desde el ayuntamiento de un municipio precioso, que precisamente visitamos este último verano: Morella. En ella me agradecían de corazón el que hubiera escrito un libro "dedicado a los hijos de este pueblo"... Se trataba de mi novela Mi planeta de chocolate. El error estaba en que los protagonistas no eran los niños de Morella, en la provincia de Castellón (España), como entendió su remitente, sino los llamados niños de Morelia, en el estado de Michoacán (México).
Desde entonces, procuro releer cada uno de mis escritos, a sabiendas de que una sola letra puede cambiarlo todo.