sábado, 8 de mayo de 2010

Premio Ulysses a la investigación

De siempre lo he dicho: si la Literatura es mi devoción, la Medicina es mi vocación. Por eso, desde esa especialidad de Medicina Preventiva y Salud Pública, disfruto tanto con la realización de algunos proyectos de investigación en los que ando embarcado.
Como profesor del Instituto Universitario de Drogodependencias de la Universidad Complutense de Madrid, he mostrado gran interés por el estudio de las adicciones relacionadas con las nuevas tecnologías, en especial entre los más jóvenes: la telefonía móvil, los videojuegos, Internet... Uno de esos proyectos desarrollado en los centros de enseñanzas medias de la Comunidad de Madrid (junto a mi colega y amigo Antonio Pineyroa) acaba de ser galardonado con un tercer Premio Ulysses 2009 a la investigación, convocado por el Grupo CTO Medicina. De momento sólo hemos recibido la notificación oficial, pero prometo manteneros informados.
Sin duda se trata de un estímulo para seguir trabajando, de un motivo de alegría a compartir con todos los seguidores de este blog.

jueves, 6 de mayo de 2010

El castillo secreto

La primera vez que asistí a un filandón literario (esas sesiones a modo de cuentacuentos que de seguro acabarán siendo Patrimonio Intangible de la Humanidad) había tres narradores sobre el escenario: Luis Mateo Díez, Juan Pedro Aparicio y José Mª Merino. Desde su voz cercana y ante un teatro abarrotado, este trío de escritores consiguió los mayores aplausos de la tarde y, en mi caso, que me hiciera devoto de esa técnica de narración oral.
Hoy, muchos cuentos después, creo firmemente en el filandón, habiendo participado con historias propias o ajenas en varios de ellos. A veces, en recuerdo de esa tarde, acostumbro a incluir relatos de alguno de aquellos magos de la palabra... Como este titulado El castillo secreto, de José Mª Merino, académico con el sillón "m" de nuestra Real Academia de la Lengua.

El castillo se alza en esta misma comarca, pero no es visible en la vigilia. Para llegar a él hay que encontrar un camino que a veces se presenta durante el sueño, abriéndose delante de nosotros conforme avanzamos paso a paso.
El castillo no parece muy grande, pero tras el amplio vestíbulo hay muchos pasillos, en varios pisos, con innumerables puertas idénticas que dan entrada a las habitaciones. Yo conozco la habitación sin límites, donde se cae sin cesar, y la que da acceso a una escalera de caracol que nunca concluye. Conozco también la habitación de los susurros que no se pueden entender, la de las grandes sombras con formas monstruosas, la del reloj que marca cada segundo con una gruesa gota de sangre que salpica las paredes. Y está la habitación del mar de peces muertos, y la de los pájaros ciegos que revolotean sin rumbo. Yo conozco la habitación de las dunas, sembradas de esqueletos de exploradores perdidos, y la de las ciénagas, donde flotan ropas, sombreros, mapas. Ese castillo es peligroso, porque para salir de él es necesario despertar, y muchos no lo consiguen, aunque cada día los veas a tu lado y ellos y tú creáis que están despiertos.

martes, 4 de mayo de 2010

Decálogo del escritor

1º.- Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.
2º.- No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.
3º.- En ninguna circunstancia olvides el célebre díctum: "En literatura no hay nada escrito".
4º.- Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.
5º.- Aunque no lo parezca, escribir es un arte. Ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.
6º.- Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión o la pobreza. El primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores. Evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.
7º.- No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.
8º.- Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.
9º.- Cree en ti, pero no tanto. Duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.
10º.- Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.
11º.- No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.
12º.- Otra vez el lector. Cuanto mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones. Si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.

Nota: El autor de este decálogo, el narrador hondureño Augusto Monterroso (Premio Príncipe de Asturias de las Letras en el año 2000), daba la opción al escritor de descartar dos de estos enunciados y quedarse con los diez restantes.

domingo, 2 de mayo de 2010

A Dorita, mi madre

El penúltimo relato de mi libro El amor azul marino está dedicado a Dorita, mi madre.
Aun a riesgo de parecer retórico, no encuentro calificativos para describir a una persona tan extraordinaria, tierna, buena, cariñosa, humilde, dulce, generosa, sufrida, sincera, entrañable. Porque además de darnos todo y ser el eje de la familia, no hubo un solo momento que no estuviera ahí, pendiente de sus retoños, derrochando sentimientos y alegrías sin mayor interés que el nuestro.
Ella decía que a pesar del tifus de los cuarenta, su infancia fue feliz. Tenía la costumbre, diabólica costumbre en una criatura, de chuparse el pulgar de su mano derecha. Alarmados por ello, el maestro y el boticario decidieron solucionarlo según los cánones del momento. Cada vez que entraba en la escuela le colgaban dos tablillas a modo de peto en las que podía leerse: “Teodora, la chupona”.
En cualquier otro caso habría sido motivo de burla por el resto de la chiquillería. Pero aquella niña era tan especial que todos guardaron sus mofas para cuando el travieso de Carlitos se hiciera pis en la cama.
Mamá siempre quiso que yo escribiera. Tal vez por quedar huérfana tan niña y convertirse en mujer de forma precipitada, faltaron demasiados cuentos en esa infancia. No en vano, con doce años viajó sola del pueblo a la capital para trabajar como criada. Eran muchos en su casa y mi abuelo no tuvo más remedio que enviarla hasta allí.
Aunque sus señores presumían de ser gente de bien, sé por mis tías que pasó bastantes noches castigada en la cocina, y más de un seis de enero en el que los Magos de Oriente no se detuvieron en su habitación. Cenicienta sin hada, apenas se quejaba para no generar preocupaciones.
Quizá por haberlas anhelado de pequeña, se emocionaba tanto con las pocas historias que le relataba y que luego compartía con sus amigas de labor, de la gimnasia de mantenimiento, de sus cafés de los martes.
- ¡Todas hemos llorado!
Yo solía decirle que los artículos científicos que impone la Medicina eran otra forma de literatura que, en esos momentos y a fin de dar contenido a mi currículum, me interesaba mucho más.
- Ya escribiré en vacaciones -le respondía.
Ella, comprensión sin límite, simplemente sonrió.
El último presente que le hice en vida fue una bata de tonalidad azul. Se la compré por el Día de la Madre. Era de tela lisa, muy bonita, y le quedaba perfecta. Mil canciones, un amor inmenso, una paella junto a los suyos y la tarta de chocolate completaron el detalle. ¿Cómo pueden caber tantos besos en una celebración?
El destino, a veces tan injusto, no permitió que estrenase aquella prenda.
Creo sinceramente que mamá es de esas personas que por su talante merecía lo mejor. Si pudiera tornar al ayer le contaría un millón de cuentos que ella, de seguro, extendería a su entorno. Pero sé que prefiere que no me instale en el pasado y que cuanto haga sea mirando al mañana.
Estoy convencido de que desde allá arriba sentirá muy dentro cada una de estas páginas. Unas líneas pintadas de azul... ¡El color que tanto le fascina!

jueves, 29 de abril de 2010

La última vuelta del scaife

Empezaré esta reseña compartiendo un secreto: en ese mundo mágico de la Literatura hay personajes que de conocerse serían buenos amigos. De hecho, no tengo ninguna duda de que Josué (protagonista de la novela que acabo de terminar, La última vuelta del scaife) y Benito (actor principal de mi libro Mi planeta de chocolate) lo son. Los dos comparten un ideal que les permite sobreponerse a las adversidades que ofrece la vida, una sucesión de viajes que ponen el escenario a sus reflexiones, una colección de amigos que son sencillamente eso… amigos. Incluso una frase de fondo, referida respectivamente a un reloj y al chocolate, que dará coherencia a su destino. Y ambos se empecinan en algo en apariencia imposible: hacer realidad un sueño dentro de la pesadilla que les toca vivir.
En efecto, La última vuelta del scaife me ha parecido un libro tan interesante como cercano, pero no sólo por eso. Se trata de una novela muy bien documentada (tanto en el marco histórico como en lo referente a la cultura judía o africana), con un lenguaje fluido y cuidado, una trama atractiva salpicada de sorpresas que aun siguiendo su cauce no se cierra hasta el final, un ritmo acorde a ella (lento cuando el lector necesita una pausa, rápido si requiere avanzar) y unos personajes tan logrados que cualquiera podría ser el principal.
De entre ellos destacaría al judío Aarón, cabeza y protector de su familia, quien pretende ser libre frente a los dogmas tradicionales. Al himba Kuaima, víctima de una esclavitud descrita con maestría, que parte junto a su pueblo buscando la libertad. Al diplomático Carlos, empecinado por liberarse de los tapujos sociales. Al amor de una vida representado por Abigail… Y así, uno a uno, hasta llegar a Josué, el nexo de unión de todos pese a tantas diferencias. Un personaje que nos muestra sus dudas, sus debates filosóficos, sus sentimientos... sopesándolos abiertamente frente a los del resto de sus compañeros. Un joven embarcado en una aventura por Europa y África que acabará convirtiendo en un viaje a su interior. Un referente de los importantes hechos que en esos momentos está viviendo el mundo. Para terminar, casi sin darnos cuenta, cautivando con ello al lector, entreteniéndole e invitándole a reflexionar.
La última vuelta del scaife es también una apuesta literaria a favor de los valores, de esa ilusión, de tanta esperanza. La metáfora del diamante como vida, y las vueltas del scaife reflejando los cambios que la misma puede dar, resulta elocuente. Porque al final, como pretende demostrar la novela, todo lo que sucede nos va puliendo, va haciéndonos más persona… Sin olvidar que lo realmente importante es que en esa vuelta definitiva alcancemos de verdad nuestro objetivo.
No quisiera despedirme sin compartir otro secreto: en ese mundo entrañable de la Literatura, quien cree firmemente en un sueño lo acaba consiguiendo. Y me da que Josué, al igual que Mercedes escribiendo una historia tan hermosa, ha alcanzado uno de los suyos.

Nota: Mercedes Pinto estará estos días en Zaragoza participando en dos actos relacionados con su obra. Hoy jueves, a las 19:30 horas en la Biblioteca de Aragón, charla-coloquio a propósito de su novela, moderada por Julia Duce (portal literario Abretelibro). Mañana viernes, a esa misma hora en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés, presentación del libro junto al escritor Santiago Morata.

lunes, 26 de abril de 2010

Cuentos del mundo

Hay quien piensa que en este universo literario no hay lugar para los cuentos. Así, en palabras del escritor José Javier Aleixandre, parece “un género maldito. Los editores se resisten a publicarlo porque consideran que no tiene lectores en España, lo cual abre y cierra un círculo vicioso”. Cierto es que como en toda verdad hay sonadas excepciones, y que apenas un puñado de autores acaparan la mayoría de las ventas. Pero ésa no parece la norma. Quizá por ello alguno de mis lectores insista tanto en que debo pasarme a la novela histórica, a sabiendas de que hoy en día es el género más demandado. Renovarse o morir.
Esta misma mañana he compartido mi ponencia Cuentos del mundo con distintos alumnos del IES. Luis Buñuel, de Zaragoza. Allí. intercalado con diferentes vivencias de mi estancia por cuatro continentes, hemos hablado de su origen, de las características según su geografía, de esa importancia en la condición humana... para terminar narrando algunos relatos orientales. Ha sido un acto enmarcado en la celebración del Día del Libro y que en mi caso tenía un valor especial por ser éste, precisamente, el instituto en el que cursé mis estudios de bachillerato. Los alumnos han disfrutado y cada cuento ha vuelto a dibujar ilusiones. No en vano, nosotros los cuentistas seguimos creyendo en ellos. Y es que, como afirma Abelardo Castillo, "los novelistas y los editores piensan que una novela es más importante que un cuento, pero no les creas. Sólo es más larga".

jueves, 22 de abril de 2010

El poeta que no cesa

A lo largo de este año se vienen sucediendo los actos de homenaje a ese poeta excepcional, de nombre Miguel Hernández, con motivo del centenario de su nacimiento. Para hoy jueves el Ayuntamiento de Zaragoza, en colaboración con la Universidad de Zaragoza y la Asociación Aragonesa de Escritores, ha organizado una lectura pública de sus poemas coincidiendo con la celebración del Día Internacional del Libro. La actividad comenzará por la mañana en el propio consistorio, trasladándose por la tarde al paraninfo universitario. Aquí me sumaré gustoso a este sencillo reconocimiento, compartiendo algunas de sus estrofas. Versos de un genio sencillo, de un hombre extraordinario, a cuya memoria se refería así otro poeta inmenso, de nombre Pablo Neruda:

"Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!".