martes, 4 de mayo de 2021

Mi yo más plogger

Desde mi condición de atleta aficionado y defensor de la Naturaleza, hace tiempo que vengo ejercitando por la ribera del Bernesga, las veredas de Toral de los Guzmanes y otros espacios protegidos una modalidad deportiva cuyo nombre ni siquiera conocía: el plogging -vocablo procedente de aunar los términos running o correr, con plocka upp o retirar-, modalidad que combina el ejercicio con el respeto por el Medioambiente y que consiste en recoger desperdicios mientras se corre. De manera que si ayer escribía esas Catorce lunas menguantes (MAR Editor) para sensibilizar sobre el deterioro climático que estamos generando, hoy me autoproclamo como uno de los 20.000 plogger que corren en el mundo para procurar un planeta mejor.
Esta práctica, surgida inicialmente en Estocolmo y extendida a más de cien países, consiste en salir a correr con alguna bolsa de basura e ir recogiendo los residuos que se encuentran por el camino. Desde envases de plástico a botellas de vidrio, sin olvidarnos de esas colillas de cigarrillos aparentemente inofensivas pero que tardan diez años en degradarse, contamina cada una hasta 50 litros de agua dulce y que podrían estar detrás de la drástica reducción de algunas especies de aves que construyen sus nidos con ellas. 
Al combinar la carrera con tantas sentadillas, se ha estimado un consumo medio de unas 300 kilocalorías por cada media hora de actividad, habiéndose extendido también a las modalidades de ciclismo y deportes acuáticos. Y es que a los múltiples beneficios que el ejercicio aporta sobre nuestra salud, añadimos otro tan necesario como reconfortante: el cuidado de nuestro entorno. Sin duda, uno de los legados más valiosos que recibimos prestado, disfrutamos y después devolveremos a las generaciones venideras.

viernes, 23 de abril de 2021

Y en el Día del Libro

Para quienes pintaron El amor azul marino, escribieron sin remite algunas Cartas para un país sin magia, se vinieron conmigo a Mi planeta de chocolate, desplegaron en domingo Siete paraguas al sol, acunaron tantas ilusiones con esas Nanas para un Principito, soñaron en otra noche de Catorce lunas llenas, creyeron apasionadamente en El amor en los tiempos del Mindfulness, o incluso se fueron a dormir durante Catorce lunas menguantes... A cuantos aman y amamos la Literatura... ¡Feliz Día del Libro! 
https://www.youtube.com/watch?v=kgKNd_RWYX4

jueves, 22 de abril de 2021

En el Día de la Tierra

De entre el refranero de mi abuela Concha, destacaba aquel dicho que insistía en que las cosas del suelo no se cogen. Ella era capaz de reconocer la belleza, de encontrar la frase exacta para cada momento, de ser viento bajo nuestras alas. Pese a ello, mi abuelo Ildefonso nunca le hizo demasiado caso. A fin de cuentas, en aquellos tiempos de posguerra, él solía recoger colillas que los fumadores tiraban a la acera para desmenuzarlas y revender de nuevo su labor del tabaco. Esa misión de estraperlo era, sin duda, un método infalible para llevar algo más de dinero a casa que –por entonces, con cuatro hijos y una cartilla de racionamiento- buena falta les hacía. A fin de cuentas, los puertos quedaban lejos y, aun sin olvidarse nunca de su mar, hubo de reconvertir aquella profesión en maletero de una estación del ferrocarril.
Cierto es que –como su mujer le recordara- el dinero del pobre va dos veces al mercado, pero también que cuando la Vida te presente una razón para llorar, hay que demostrarle que tenemos miles para sonreír.
Paralelamente, cincuenta años después y aun cuando sea por distintos motivos, me encuentro como él: sin hacer caso a nuestra abuela y recogiendo colillas de diferentes espacios naturales. Cada vida es propia, pero estoy convencido de que las vidas resuenan. Unas veces de forma organizada, a través de esa asociación a la que pertenecemos y que dedica parte de su esfuerzo a limpiar de basura tantas riberas de río… Otras de manera improvisada, como esas batidas junto a mis hijos y algunos de sus amigos, en aquellas playas en las que pasamos cada verano.
En cualquier caso, esas colillas de cigarrillo son el objeto más arrojado en todo el mundo, incluyendo hábitats tan sensibles como nuestros bosques, montañas, ríos, océanos, ciudades... e incluso, dedicándole otro guiño a mi abuelo, estaciones de tren. Por poner solo un ejemplo, se calcula que de los 32.800 millones de cigarrillos que se consumen cada año en España, el 15% acaba directamente en nuestras playas. ¡Unos 4,5 billones de colillas en todo el mundo! Y en su conjunto –además de ser un posible desencadenante de incendios forestales, productor de miles de toneladas de anhídrido carbónico con efecto invernadero y en su cultivo una de las primeras causas de deforestación selvática-, resultan de los más contaminantes, con el agravante de que son dispersadas por el viento y la lluvia.

Nota: Texto incluido en el epílogo titulado Recogiendo colillas, de mi libro Catorce lunas menguantes (MAR Editor).

miércoles, 21 de abril de 2021

"Catorce lunas menguantes" en los bibliobuses de León

En la Biblioteca Pública de León, en las Bibliotecas Municipales de León, en la biblioteca de El Teléfono de la Esperanza-León... Y desde esta semana mis Catorce lunas menguantes (MAR Editor), con ilustraciones de la genial Raquel Ordóñez Lanza, se hallan también a disposición del público en los bibliobuses de esa provincia, gracias a la adquisición realizada por el Instituto Leonés de la Cultura, dependiente de su Diputación Provincial.
Sin duda, un motivo de satisfacción al permitir que su mensaje y sus cuentos en favor de la Naturaleza lleguen a todos los municipios, por perdidos que parezcan. Y es que además, parafraseando al mago Borges, siempre imaginé el trayecto al paraíso en una especie de bibliobús.

lunes, 19 de abril de 2021

Ganadlo en el terreno de juego

Desde pequeño, cuando acudía junto a mi padre al fondo norte de aquella Romareda, el fútbol ha sido una de mis pasiones. De hecho, lo vivo así: apasionadamente. Hasta el punto de que quienes me conocen acaban sorprendidos de que sea tan alemán ante un informe de mi trabajo y tan griego después de que nuestro equipo marque algún gol. Y es que el carisma de este deporte traspasa cualquier límite imaginable.
Mi abuelo nos contaba que en tiempos de la Guerra ambos bandos se permitían ciertas treguas para disputar entre ellos algún partidillo. Y recuerdo que otra vez, ejerciendo mis labores de médico en aquel país lejano, uno de los traductores me pidió un balón de fútbol, pues no halló mejor elemento que simbolizará sus deseos de paz.
Ante el anuncio de la creación de una Superliga Europea de este deporte por parte de doce clubes fundacionales, al margen de las simpatías que pueda tener por cualquiera de ellos e incluso de las antipatías que pudieran generarme la UEFA o la propia Liga española, declaro como aficionado mi firme postura en contra. Y lo hago haciendo mías las palabras de un hombre de fútbol de la cabeza a los pies; de ese entrenador argentino que dio ejemplo de fair play cuando jugándose el ascenso con el Leeds United ordenó a sus jugadores que se dejaran meter un gol, porque previamente habían marcado otro estando un contrario lesionado. Para el maestro Bielsa, los poderosos son los que producen, pero el resto son indispensables. Lo que le da salud a la competencia es la posibilidad del desarrollo de los débiles. Los ricos quieren serlo más a costa de que los pobres sean más pobres. Una de las razones por las que el fútbol es el deporte más famoso del mundo es porque el débil puede vencer al fuerte
Y en verdad, así es, pues el balompié no puede medirse solo con el prisma de un negocio. Por ello sin avaricias -siempre insolidarias-, y como lucía esta noche en una de las pancartas de su estadio, que cada cual gane sus derechos sobre el terreno de juego.

domingo, 18 de abril de 2021

De lumbalgos y fortalezas

Ocurrió hace un mes en cierto parque de mi ciudad. Allí, subida en aquel columpio, la Sirenita improvisó otro salto al aire que me obligó a sujetarla a peso, sintiendo en ese momento un fuerte dolor de espalda. Desde entonces arrastro esa lumbalgia que se ha venido de okupa a vivir conmigo. Y aun cuando al principio apenas le diera importancia, al final he tenido que rendirme a su constancia.
Nuestra amiga Soraya afirma que el cuerpo, -siempre sabio- nos habla en todo momento, si bien a menudo nos negamos a escucharlo. Y quizá con esta dolencia, el mío me gritase que parara. Así lo acabé haciendo, teniendo que dejar de trabajar, aplazando mi participación en la Semana Cultural de un colegio leonés y suspendiendo mi asistencia al Día del Libro en Zaragoza. 
Por suerte, ese lumbago parece ir a mejor. En verdad que he sido un paciente de lo más aplicado. Pese a ello, pese a todo, seguiré fiel a esa cita que -paradójicamente- conforma otra señera de nuestra vida: No pido cargas ligeras, sino una espalda fuerte.

jueves, 15 de abril de 2021

¡Quédate, Mr. Marshall!

Uno de esos amigos garnacha que me ha presentado la Literatura es, sin duda, Asier Aparicio. Además de excelente persona, es autor de casi 60 obras de teatro, seis novelas, tres discos, dos recopilaciones de relatos, decenas de artículos, estanterías de versos... habiéndome permitido el honor de presentarle en mi ciudad en la puesta de largo de un par de esas creaciones. 
En la biblioteca de nuestro salón asoman varios de sus libros. Entre ellos, ese ¡Quédate, Mr. Marshall! (Ediciones Irreverentes), con el que obtuviera su enésimo reconocimiento: el accésit del VI Premio Irreverentes de Comedia.
En estos días de reposo forzado, esa precisamente ha sido mi apuesta. Y no me equivoqué. Ambientada en aquel Villar del Río que popularizara el genial Berlanga, Asier aborda el drama de la España vaciada desde ese humor y con ese espíritu crítico que le caracterizan. No en vano, la principal empresa del municipio -una multinacional norteamericana- amenaza con cerrar, provocando otra catarata de problemas que sus fuerzas vivas tratarán de evitar. Entre sus personajes se perfilan distintas personalidades que se repiten generación en generación, diferentes perspectivas ante una misma tragedia, que en su trama se abordan con sapiencia e ironía. 
¡Quédate, Mr. Marshall!, de Asier Aparicio. Un homenaje a los cien años de Luis García Berlanga, para disfrutarlo, para sonreír. Y sobre todo, por si alguien aún pensara que leer Teatro no resulta entretenido.