viernes, 24 de junio de 2022

Mi moneda en tu pozo

Mañana al mediodía realizaré un cuentacuentos en la explanada del santuario de La Virgen del Camino (León) en el que no faltará este cuento titulado Mi moneda en tu pozo, incluido en mi obra Catorce lunas llenas (XXXVIII Premio Carta Puebla, en su modalidad de libro de cuentos).
Tampoco fallará nuestra hija Amalia, quien se estrenará en el papel de mi ayudante, demostrando que somos un verdadero equipo.
Así que, también en familia, nos seguiremos contando.

"Cuentan que me contaron que en cierta aldea lejana vivía un hacendado muy tacaño que se pasaba la vida obsesionado por el dinero. Corría el rumor de que, ya anciano, no se casó nunca para no tener que pagar la boda; e incluso había quien apuntaba que jamás desperdició mendrugo alguno por muy duro que estuviese. Y es que nadie es más flaco de espíritu que quien se alimenta solo de sí mismo.
Cada noche, después de recorrer sus tierras de sol a sol, contaba minucioso las monedas que guardaba en aquel cofre debajo de su colchón.
- ¡Una, dos… veintinueve, treinta…Y con este, cincuenta doblones de oro!
Así una noche, y otra, y otra.
En alguna parcela próxima a su casa residía un joven aguador, que dedicaba su tiempo a sacar agua del pozo para venderla por cuartas a la gente del lugar. Desde la humildad de su trabajo, procuraba ingeniárselas para salir adelante declarando las propiedades curativas de líquido tan singular.
- Agua preventiva contra el dolor de cabeza, indigestiones, apatías, dolencias articulares, piedras en el riñón, mal de amores… –voceaba por las calles, resumiendo cualquier compendio de Medicina.
En cierta ocasión trató de ofrecerle una muestra a su vecino, pero este le echó de malas maneras alegando que su agua no tenía valor alguno más allá de que sirviese para fregar.
- Y lárgate pronto, limosnero, ¡que no llevo suelto!
A veces el dinero llega antes a los sitios que la buena educación.
Aun cuando no era persona especialmente rencorosa, aquel aguador decidió vengar tal desaire para dar a ese vecino un escarmiento. De manera que, sabiendo de su carácter huraño y aprovechando que era noche de Luna llena, le hizo creer que en el fondo de su pozo había una moneda de enormes dimensiones.
- ¡Así de grande! –le explicaba entusiasmado mientras abría sus brazos-. Un doblón del mejor platino, que no vendería por nada del mundo.
Tentado por esa información, el avaro señor pidió al muchacho poder verla, para comprobar por sí mismo semejante maravilla. ¡Y que fuera cuanto antes, que si el tiempo es oro, perderlo puede ser ruinoso!
- De acuerdo –le respondió-. Iremos juntos esta misma noche, si bien no podrás tocarla ni acercarte más allá de donde te diga.
Una hora después de atardecer, conforme a lo que habían dispuesto, ambos vecinos se reunieron a medio camino de sus fincas. Desde allí, aprovechando la luminosidad reinante, acudieron hasta el pozo. Y estando a dos pasos de él, sin que ninguno se aproximara ni un centímetro más de lo acordado, comprobaron cómo –efectivamente- relucía en su superficie una moneda gigante.
- La quiero para mí –murmuró el hacendado-. Le ofreceré a cambio un solo doblón por ella y de seguro que, estando tan necesitado, el muchacho aceptará  –pensó para sí mismo, convencido de que quien pone el dinero debería poner las normas.
Mas cuando le hizo su oferta, el aguador respondió contundente:
- Solo la cambiaría por cincuenta.
- ¡Cincuenta! –exclamó con una mezcla de ira e incredulidad.
El anciano hizo cuentas de memoria sobre el valor de aquella pieza que flotaba en el agua. Medio centenar de doblones parecían demasiado, los ahorros de toda su vida, el motivo último para seguir viviendo. No obstante, el valor de esa otra que relucía en el pozo parecía con mucho superior. Aun cuando trató de rebajar ese precio con argumentos de pobre, el joven se mantuvo en su exigencia. Así que no tuvo más remedio que aceptar:
- ¡Una, dos… veintinueve, treinta…Y con este, cincuenta doblones de oro!
La avaricia suele ser muy convincente.
De manera que el hacendado contaba aquella noche su tesoro por última vez, mientras se lo daba al aguador a cambio de la moneda más enorme que jamás hubiera imaginado.
Pero al correr para tomarla descubrió que la misma no existía, que era simplemente el reflejo de la Luna llena sobre el agua, y que le habían engañado como a un niño para quedarse con sus caudales. Tanta usura, sin duda, le había jugado una mala pasada.
Roído por los nervios, mientras maldecía entre gritos su ventura e insultaba a su vecino, este apareció de nuevo.
- No quiero tu dinero, sino tu respeto –dijo con talante serio, mientras se lo devolvía-. Aquí lo dejo, es tuyo. Tan solo pretendo demostrarte que hay cosas más importantes que lo que puedas guardar en un cofre… Que la codicia nos ciega con frecuencia, haciéndonos ver tesoros donde apenas hay reflejos… Que no puedes considerar a nadie menos que tú porque en apariencia posea menos que tú… Y que jamás debes burlarte de ninguno cuando se gana la vida honradamente.
El anciano, conmovido por esas palabras, rompió a llorar. En principio se apresuró a retirar los doblones para guardarlos en su caja. No obstante, antes de acabar la cuenta, decidió entregarle un puñado a aquel muchacho que le había dado semejante lección.
Durante unos días, ya sin retos ni rencores, ambos compartieron charlas, bromas, pan con queso, algún paseo hasta el pozo… Y tan buena relación hicieron que, a la Luna siguiente, aquel anciano acudió a la notaría de la aldea para nombrar como heredero a su vecino. Tanta generosidad, sin duda, le había jugado una buena pasada.
Así acaba esta historia que yo guardo en mi memoria… Y comieran o no perdices, sé de buena tinta que todos fueron felices".

miércoles, 22 de junio de 2022

Diez años del Premio Loeches de Novela

Aun cuando desde siempre me haya decantado por el cuento, hubo un tiempo en que hice algún pinito con la novela. De esa época data mi obra Siete paraguas al sol (Ediciones Irreverentes), con la que hace diez años obtuve el VII Premio Ciudad Ducal de Loeches de Novela. Ese ejemplo de Narrativa completa -por incluir relatos en su trama- que, fiel a mi literatura, contenía también otro diccionario con esa forma peculiar de definir.
¡Qué sorpresa, qué alegría cuando nos comunicaron aquel fallo! 
Así nos lo recordaba en el almuerzo de este mediodía nuestra amiga Amanda, después de recitar de memoria el nuevo significado de alguna de esas palabras. 
Y como al postre le anticipamos, en el próximo libro, ¡más!

AdultoPersona a la que los niños tratan de usted. 
AmanecerPrimer milagro del día.
AmorAliño, aglutinante, levadura. Especia que hace posible ese menú extraordinario llamado vida.
CircoLugar donde suceden los milagros.
Conciencia: Voz interior que nos recuerda qué hicimos mal y lo que es mucho peor... qué hicimos bien.
DesiertoKilómetros y kilómetros sin un árbol. No confundir con desamor: kilómetros y kilómetros sin una ilusión.
DiscreciónVirtud consistente en no hablar demasiado, pues puede que a tu enemigo le interese lo que digas.
ÉxitoVivir de lo que te gusta.
HonestidadAnteponer los ideales a los intereses.
HumildadDon por el que no me siento más que nadie ni menos que ninguno.
InteligenciaVivir donde te va bien.
OdioSentimiento más alejado de la ley natural porque nace, crece y se reproduce, pero le cuesta mucho morir.
PasiónEpidemia de cariño.
PacerForma verbal de la palabra paz.
PerfecciónEstado que solo alcanzas cuando alguien se enamora perdidamente de ti.
PrevisiónTenerlo todo pensado para cuando no haya nada que pensar.
SuerteQuerer ser lo que soy… y si es posible, contigo.
SufrimientoPadecimiento carente de humildad. Siempre somos nosotros quienes más sufrimos en el mundo.
VidaPeriodo de tiempo entre nacer y morir que llenamos a base de casualidades.

martes, 21 de junio de 2022

En el Día de la Música

En este Día de la Música hemos sabido que nuestro hijo Manuel ha superado su examen de acceso al Grado Profesional, con el instrumento de Trombón, en el Conservatorio de Música de León. Sin duda, otro motivo añadido para felicitarle; un paso más en su proceso formativo como músico y como persona. 
A  menudo le comento que en ese camino estaremos ayudándole cuanto podamos. Y que al margen de nosotros, podrá encontrarse a su orilla con dos tipos de sujetos: unos facilitadores, que acostumbran a ser positivos, sonrientes, agradecidos... Otros no tanto que -sin entrar en más juicios- nunca suelen ser así.
Hace unos días compartía en nuestra cena de familia que cada mañana debo acudir al servicio de Rehabilitación para completar el proceso terapéutico prescrito para mi columna. Dado que estoy trabajando, acudo con bata blanca y ese distintivo amarillo colgado del cuello que me identifica como médico. Con esas pintas, resulta habitual que la gente nos consulte por los pasillos en caso de duda.
Cierto lunes, un usuario me paró para preguntarme por alguna unidad diagnóstica. Aunque le atendí educadamente no supe decirle dónde quedaba, y en su adiós a regañadientes me despidió con un exabrupto. Quizá tuviera un mal día; quizás hasta tuviese razones para sentirse malhumorado. Sea como fuere, empáticamente yo me hallaba muy lejos de esa actitud.
Cierto jueves de aquella misma semana, precisaba pedir cita para la revisión con mi neurocirujano, por lo que me puse como un paciente más a guardar la cola correspondiente. Al verme un señor mayor a quien estaba a punto de tocar que le atendieran, se dirigió a mí insistiendo en que nos cambiáramos los puestos, que otro sanitario como yo le había salvado la vida y que él cedía su tiempo para que yo prosiguiera realizando mi labor. El resto de la fila asintió... Y en esa actitud de generosidad reconocí a un hombre agradecido, con la que empáticamente me identifiqué.
Porque en eso -aquí o allá-, la vida se parece a las rosas, alternando flores con espinas. 
Ojalá Manuel siga cultivando ese otro jardín a base de pentagramas, encontrando en su trayecto personas positivas y sintiéndose de paso acompañado. En ello, siempre podrá contar con la ayuda de su Trombón. Y es que, como afirmara el dramaturgo Robert Browning, quien escucha Música siente que, de repente, su soledad se puebla.

lunes, 20 de junio de 2022

La cara oculta de la pobreza

Esta mañana, coincidiendo que mi puesto de trabajo está precisamente en el Hospital de León, he acudido a visitar en su planta de Cirugía a un paciente muy especial. Se trata de cierto pobre de las calles de la ciudad, que acostumbra a pedir cerca de mi casa, y a quien en más de una ocasión he proporcionado ropa, comida y conversación. Gracias a eso sé de él que -casual o causalmente- procede de la manchega Miguelturra, donde vive mi ahijada Nerea y donde gané por dos veces un premio literario tan importante como el Carta Puebla en su modalidad de libro de cuentos. Y sabía también que el pasado viernes le operaban, por lo que este lunes he ido a saludarle y preguntar en persona a propósito de su recuperación. 
La verdad es que no se lo esperaba, habiéndose llevado una alegría sentida. Afortunadamente, está evolucionando bien.
Algo similar me sucedió en cierto viaje a Estocolmo, cuando yendo en su metro observé con gran sorpresa como otro mendigo -habitual en las iglesias de mi Zaragoza- accedía a nuestro vagón tocando su címbalo con una gorrilla enfrente. Yo había coincidido en alguna ocasión con él durante mi etapa de voluntario en la Casa de Amparo, por lo que -al reconocerme- nos dimos un abrazo. 
- ¡Qué casualidad! Mira que siendo del mismo sitio, hayamos ido a vernos aquí arriba.
Mientras me explicaba que con el frío invernaba por la plaza del Pilar y que en verano solía rondar por Europa, el asombro ante tal gesto pasaría a mis compañeros de aventura.
Casual o causalmente también, leía al salir del Hospital un titular de portada: La pobreza se dispara en España por el aumento del coste de la vida. Según ese informe reciente de Cáritas, del cual doy fe porque estamos colaborando con ellos en la medida de nuestras posibilidades, a día de hoy en mi ciudad la situación es dramática para las 3.862 familias que requieren de ayuda, centrada principalmente en la vivienda, los suministros y su alimentación.
Tristemente, esta realidad no tiene visos de mejorar. Al menos a corto plazo. Mas entre tales ayudas, nunca deberemos olvidar la parte afectiva; esa otra cara de una moneda que nos hace sencillamente humanos. Entre miles de razones, porque al ritmo que vamos, cualquier día podría incluso pasarnos a nosotros. 

domingo, 19 de junio de 2022

Cuando Hacienda somos -casi- todos

Una de las cotidianidades que había secuestrado esa lesión mía cervical era los paseos a orillas del Bernesga con mi amigo Nicasio. Este fin de semana pudimos recuperarlos para seguir compartiendo vida.
Ciertamente, no coincidimos en todo. De hecho, para él esta ola de calor que hemos sufrido es consecuencia de no sé qué ciclo, que le permite mantener su creencia de que el cambio climático nunca existirá. Pese a ello, juntos cuidamos nuestro entorno y deambulamos con guantes más bolsa, metiendo en ella la basura que encontramos en aquel espacio natural.
En lo que sí coincidimos es en que ambos hemos recibido recientemente una notificación de Hacienda. En su caso, porque el año pasado hizo varias transferencias bancarias para ayudar a cierto pariente que andaba apurado en su negocio, y la Agencia Tributaria se lo ha asignado como ingresos. Ahora le toca justificar que detrás de ese gesto solidario no hubo ningún rendimiento comercial.
En el mío, por un piso que vendí en 2017 por debajo de su valor de tasación. En verdad que nadie me ofrecía más y acabé aceptando una última contraoferta de aquel comprador para poder dar la entrada en la adquisición de la vivienda en la que hoy vivo. No hubo trampa ni cartón. Doy mi palabra. Pero como Hacienda somos casi todos -el propio cartero que me entregara el requerimiento, aseguró que llevaba otros muchos en su zurrón-, he tenido que recopilar documentación, presentarla a través de nuestro gestor y confiar en que el asunto se cierre pues, como aseguro, no hay nada donde rascar. 
Pese a no discutir la necesidad de los impuestos ni entrar en el debate de si se deben subir o bajar, Nicasio y yo volvimos a distanciarnos en nuestras conclusiones. A él le sorprende ese mirar con lupa de la Administración al ciudadano de a pie, cuando luego se le escapan tantas transacciones millonarias... A mí me entristece más que pueda confundirse una ayuda familiar con un beneficio mercantil, o que sea algún tercero quien me imponga a cuánto debo vender mis pertenencias. En cualquiera de los casos, lo realmente preocupante es que en este universo tan pleno de libertades, estamos cada vez más controlados.
Al menos, como decíamos en esa despedida, siempre nos quedará el Bernesga.

jueves, 16 de junio de 2022

El precio de la piña

A pesar de que el tiempo o la distancia parezcan atenuarla, y de que sus noticias apenas abran ningún telediario, no nos desmarcamos de la guerra que desde hace 113 días se vive en Ucrania. Allí la sangría continúa con un saldo de muertos en el bando invadido de entre 100 y 200 soldados diarios. ¡Qué barbaridad! A excepción de su potencial atómico, el ejército invasor está utilizando todo el arsenal con el que cuenta, incluyendo bombardeos indiscriminados y -supuestamente- armas no permitidas como las granadas de racimo. Y eso, que sigue sucediendo ahora mismo en nuestro continente, no debemos olvidarlo. 
Sin embargo, la mayoría tan solo lo recordamos de pasada cuando descubrimos lo mucho que ha subido la bolsa de nuestra compra. Si la gasolina está cara, es por la Guerra de Ucrania... Si el precio de los cereales anda por las nubes, es por la Guerra de Ucrania... Si el incremento interanual de precios en España alcanzó en el mes de mayo un 60,7% -el mayor registro en las tres últimas décadas- es por la Guerra de Ucrania... Hasta el kilo de piña cuesta hoy el doble que a principios de año, como si allá en la cuenca del Donets se cultivara este producto tropical. ¡Tal vez las desgracias resulten aliadas para algunos que esconden tras ellas demasiadas incapacidades!
Sea como fuere, seguiremos clamando por la PAZ; sin reservas, sin venganzas ni inflaciones. Y si, como dijo la Madre Teresa de Calcuta, esa paz comienza con una sonrisa, ahí ponemos -igual que cada mañana- mil y una de las nuestras por si pudieran servir a tal causa.    

miércoles, 15 de junio de 2022

Nulla vita sine Musica

Sin duda, la Música forma parte de mi hogar. No tanto porque en él haya un metrónomo, decenas de partituras, esa colección de piezas clásicas o instrumentos varios, como porque hemos tenido la suerte de integrarla en nuestras vidas. Así, escuchando una obra somos capaces de desconectar de la monotonía, relajarnos de tensiones o simplemente de disfrutarla. Quizá por eso haya estado tan presente en tantos momentos claves, incluyendo -a sabiendas de su poder terapéutico- mis últimas sesiones de rehabilitación.
Ciertamente, a ese idilio con el pentagrama contribuyen también nuestros hijos. Si ayer Amalia nos sorprendía tocando estupendamente al Piano la obra Burlesca -canción popular, con arreglos de Noemí Vega- en el concierto fin de curso de la Escuela Eutherpe, hoy Manuel iniciaba con su Trombón las pruebas de acceso al grado Profesional de Música en el Conservatorio de León. La verdad es que merece superarlas, pues la ha preparado a conciencia y se siente/le sentimos capaz de conseguirlo. 
En cualquiera de los casos, seguiremos viviendo al compás de re menor, rondándonos la idea de presentar en un futuro próximo algún proyecto que aúne sus notas con mis cuentos. Y es que, como dijera ese genio llamado Nietzsche, Nulla vita sine Musica (No hay vida sin Música).