Hubo un día en que elegí ser epidemiólogo para poder desarrollar mi trabajo en algún país lejano. Y así, cuando estudiaba el abordaje de una intoxicación alimentaria o de cualquier brote respiratorio, me veía a mí mismo aplicándolo en el futuro más allá de nuestras fronteras.
Sin embargo, paradojas de la vida, al final he acabado ejerciéndolo en algunas de las peores crisis que ha vivido España. Me visualizo con tristeza en esa medioambiental, la del Prestige, participando en el estudio de cohortes para evaluar los efectos del chapapote sobre las poblaciones afectadas... Me recuerdo con muchísimo dolor en aquella terrorista, la del 11-M, colaborando en la recuperación psicológica de las víctimas... Y ahora me veo con preocupación en esta sanitaria, la del Coronavirus, que ha llevado incluso a que se decrete el estado de alarma.
De cada una de ellas he aprendido algo que debía aprender y en todas he descubierto la importancia de afrontarlas con responsabilidad. Por eso -desde mi experiencia, desde mis conocimientos-, me adhiero para estos días a la recomendación de algo tan sencillo como quedarse en casa. ¡Quién me lo iba a decir a mí en aquellos tiempos de residente en los que soñaba con perderme por el mundo! Porque la única manera de ganarle la batalla al Coronavirus es el aislamiento aun sin que estemos enfermos... Porque al romper la cadena de transmisión, disminuimos el número de afectados evitando que el sistema sanitario se colapse... Y porque, como dice el lema de esta campaña, nunca antes había sido tan fácil salvar vidas. Lo único que tenemos que hacer es quedarnos en casa.
sábado, 14 de marzo de 2020
viernes, 13 de marzo de 2020
Sanitarios en tiempos del Coronavirus
Como médico epidemiólogo de Área Sanitaria, durante estos tiempos de Coronavirus he realizado tareas propias de Vigilancia Epidemiológica, consistentes en la detección precoz de casos, declaración de los mismos, estudio de sus contactos, aplicación de medidas preventivas y un corto etcétera de tareas destinadas a combatir su propagación. Por lo general, labores todas de retaguardia, como si estuviera en un Cuartel General.
Desde esa perspectiva he podido ver el esfuerzo de mis compañeros ante esta crisis sanitaria. Doy fe de que más de una enfermera se ha cortado el pelo para tardar menos en ponerse su equipo de protección individual. Doy fe de esa internista con quien revisaba una historia clínica seis horas después de que su turno hubiera terminado. Doy fe del personal de limpieza que se esmeraba porque no quedase un solo microbio en aquella habitación. Internistas, preventivistas, neumólogos, hematólogos y un largo etcétera de especialistas, que han estado, están y estarán siempre al pie del cañón. Doy fe de sus ojeras, de tantos sudores, de esas marcas en el cuerpo, de su sentido de la responsabilidad... Me siento orgulloso de ellos y les doy mil gracias de corazón.
En igual sintonía, esta misma tarde he sabido que otro de esos sanitarios -sea mujer u hombre, auxiliar o paramédico- ha dado positivo al test de Coronavirus por haber combatido contra él en esa trinchera que constituye la puerta de Urgencias de cualquier Hospital. Mientras lo contaba, no sentía tanto su resultado como ser baja en nuestro objetivo durante los próximos quince días. Porque vamos a seguir luchando sin tregua, a sabiendas de que la salud -incluida esa Salud comunitaria- no lo es todo, pero sin ella todo lo demás es nada.
Desde esa perspectiva he podido ver el esfuerzo de mis compañeros ante esta crisis sanitaria. Doy fe de que más de una enfermera se ha cortado el pelo para tardar menos en ponerse su equipo de protección individual. Doy fe de esa internista con quien revisaba una historia clínica seis horas después de que su turno hubiera terminado. Doy fe del personal de limpieza que se esmeraba porque no quedase un solo microbio en aquella habitación. Internistas, preventivistas, neumólogos, hematólogos y un largo etcétera de especialistas, que han estado, están y estarán siempre al pie del cañón. Doy fe de sus ojeras, de tantos sudores, de esas marcas en el cuerpo, de su sentido de la responsabilidad... Me siento orgulloso de ellos y les doy mil gracias de corazón.
En igual sintonía, esta misma tarde he sabido que otro de esos sanitarios -sea mujer u hombre, auxiliar o paramédico- ha dado positivo al test de Coronavirus por haber combatido contra él en esa trinchera que constituye la puerta de Urgencias de cualquier Hospital. Mientras lo contaba, no sentía tanto su resultado como ser baja en nuestro objetivo durante los próximos quince días. Porque vamos a seguir luchando sin tregua, a sabiendas de que la salud -incluida esa Salud comunitaria- no lo es todo, pero sin ella todo lo demás es nada.
jueves, 12 de marzo de 2020
Cinco mujeres para cinco vocales
En mi caso, y aunque lo mío nunca fue la poesía, quise participar de nuevo presentando otro poema original titulado Cinco mujeres para cinco vocales. Y así, si hace dos años leía unos versos palindrómicos, en este mi propuesta era un juego de letras que con cierto apuro y todo cariño comparto a continuación.
Ana (Alabanza para azafatas):
Ablanda la cara rara,
amarra las malas lanzas,
agranda la casa para acabarla,
acalla cada alabanza.
¡Canalla, lava la bata!,
abraza vacas sagradas.
Amad a la gata chata,
cantad a más azafatas,
asalta tantas alarmas.
Belén (Desde ese tren excelente):
Tened sed en el edén,
en ese pez verde que venden tres veces.
Empéñense en que enseñen fe,
en que ese bebé celebre que crece.
Desde este tren excelente,
estrenen, expresen, embelesen...
Sed dementes de repente, sed creyentes.
Tened deberes entre gente que envejece.
Iris (Ni sin ti, ni sin mí):
Ni mil bicis, ni bikini, ni mitin sin fin.
Ni bilis viril, ni brindis civil.
Ni inhibí, ni infringí.
Insistí sin crisis, sí.
Ni sin ti, ni sin mí...
¡Vivid!
Sol (Dos odontólogos mocosos):
¡Ojo con los odontólogos mocosos!
No todos son sosos,
no todos son bobos.
Por poco los noto, por poco los coso.
¡Socorro, socorro!
Dolor no compro, no lo soporto.
¿Son lobos o monos?, ¿son los dos flojos?
No los conozco, nosotros no somos tontos..
Solo somos globos rojos.
Ruth (Mus):
Tu lupus, tu cruz.
Tu súmmum zulú, tu luz.
Tu runrún vudú, tu bus.
Tú, tú... Tú.
¡Mus!
domingo, 8 de marzo de 2020
Mi Decálogo contra el Coronavirus
Minutos antes de entrar como epidemiólogo de guardia de mi Área Sanitaria, repaso ese Decálogo contra el Coronavirus, diseñado entre consultas. Lo redacto a título personal, con algún que otro apunte de mi hemisferio derecho -el más emocional- y de alguna institución puntera en el tema. A mí y a los míos nos sirve; ojalá sea útil para otras personas.
1.- Seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias. Me consta que están volcadas en controlar esta epidemia y que trabajan/trabajamos de continuo para hacerlo. Sus decisiones no son caprichosas, ajustándose a los protocolos establecidos. Por ello, si me aconsejan que por cualquier motivo debo permanecer en casa, me quedaré en casa.
2.- Conocer los cauces establecidos para resolver dudas -como los teléfonos de información-, haciendo un uso responsable de ellos. A veces convendría no leer tantos titulares ni escuchar opiniones de personas relevantes en otras disciplinas, pero absolutos ignorantes en esta.
3.- Permitirse tener miedo -a fin de cuentas es una emoción de lo más humana-, aunque tratar de gestionarlo bien. Esos miedos irracionales nos bloquean y a menudo hacen que tomemos decisiones precipitadas. Desde la histeria estaremos siempre invalidados.
4.- Evitar el contacto estrecho con personas enfermas -principalmente de ser casos probables o confirmados, durante su periodo de transmisibilidad-. En principio no hay que realizar actuaciones especiales ante animales o alimentos.
5.- En la medida de lo posible, evitar tocarse ojos, nariz y boca, por ser las puertas de entrada para el virus. Últimamente estrechamos menos manos. Asimismo, desinfectar regularmente con rociadores o toallitas domésticas aquellos objetos o superficies que tocamos de continuo.
6.- Procurar las medidas habituales de higiene, sobre todo en lo relativo al lavado de manos: con agua y jabón, durante al menos 20 segundos, en especial después de sonarse la nariz, toser o estornudar, antes y después de comer, antes y después de ir al baño... Y por supuesto, siempre que estén visiblemente sucias.
7.- De no haber tal posibilidad, utilizar un desinfectante de manos que contenga al menos un 60% de alcohol... Y en cuanto podamos, lavárnoslas bien.
8.- Cubrirse nariz y boca con pañuelos desechables durante la tos o el estornudo, para arrojarlos a continuación a la basura. No toser sobre nuestras manos ni sin poner contención. De haberlo hecho sobre alguna superficie, proceder a su desinfección según indicamos.
9.- Utilizar mascarillas en el caso de estar enfermo. También se consideran esenciales entre el personal sanitario y los cuidadores en entornos cerrados. Su empleo sistemático -por ejemplo, yendo por la calle- en estos momentos y en nuestro medio no se considera necesario.
10.- Seguir sonriendo -un gerundio tan cargado de beneficios para la salud-, seguir disfrutando de tantas cosas positivas de nuestra vida, seguir creyendo en el ser humano. Porque estoy convencido de que -permitiéndome otra licencia desde mi argot más deportivo- al final este partido lo vamos a ganar.
1.- Seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias. Me consta que están volcadas en controlar esta epidemia y que trabajan/trabajamos de continuo para hacerlo. Sus decisiones no son caprichosas, ajustándose a los protocolos establecidos. Por ello, si me aconsejan que por cualquier motivo debo permanecer en casa, me quedaré en casa.
2.- Conocer los cauces establecidos para resolver dudas -como los teléfonos de información-, haciendo un uso responsable de ellos. A veces convendría no leer tantos titulares ni escuchar opiniones de personas relevantes en otras disciplinas, pero absolutos ignorantes en esta.
3.- Permitirse tener miedo -a fin de cuentas es una emoción de lo más humana-, aunque tratar de gestionarlo bien. Esos miedos irracionales nos bloquean y a menudo hacen que tomemos decisiones precipitadas. Desde la histeria estaremos siempre invalidados.
4.- Evitar el contacto estrecho con personas enfermas -principalmente de ser casos probables o confirmados, durante su periodo de transmisibilidad-. En principio no hay que realizar actuaciones especiales ante animales o alimentos.
5.- En la medida de lo posible, evitar tocarse ojos, nariz y boca, por ser las puertas de entrada para el virus. Últimamente estrechamos menos manos. Asimismo, desinfectar regularmente con rociadores o toallitas domésticas aquellos objetos o superficies que tocamos de continuo.
6.- Procurar las medidas habituales de higiene, sobre todo en lo relativo al lavado de manos: con agua y jabón, durante al menos 20 segundos, en especial después de sonarse la nariz, toser o estornudar, antes y después de comer, antes y después de ir al baño... Y por supuesto, siempre que estén visiblemente sucias.
7.- De no haber tal posibilidad, utilizar un desinfectante de manos que contenga al menos un 60% de alcohol... Y en cuanto podamos, lavárnoslas bien.
8.- Cubrirse nariz y boca con pañuelos desechables durante la tos o el estornudo, para arrojarlos a continuación a la basura. No toser sobre nuestras manos ni sin poner contención. De haberlo hecho sobre alguna superficie, proceder a su desinfección según indicamos.
9.- Utilizar mascarillas en el caso de estar enfermo. También se consideran esenciales entre el personal sanitario y los cuidadores en entornos cerrados. Su empleo sistemático -por ejemplo, yendo por la calle- en estos momentos y en nuestro medio no se considera necesario.
10.- Seguir sonriendo -un gerundio tan cargado de beneficios para la salud-, seguir disfrutando de tantas cosas positivas de nuestra vida, seguir creyendo en el ser humano. Porque estoy convencido de que -permitiéndome otra licencia desde mi argot más deportivo- al final este partido lo vamos a ganar.
viernes, 6 de marzo de 2020
Deteniendo Coronavirus
A partir de este próximo lunes entraré como epidemiólogo de guardia para el Área Sanitaria 3 -provincias de León y Palencia- de la Junta de Castilla y León, permaneciendo atento a cualquier microbio que pudiera afectar a la población. Desde esa toxiinfección alimentaria de algún restaurante hasta aquel brote por la primera bacteria en mi última residencia.
Porque los epidemiólogos somos una especie de policía sanitaria. Velamos para que todo esté tranquilo, sea donde sea y a la hora que sea, actuando en caso de alerta. Aunque a menudo no se nos conozca ni se nos reconozca, como ciudadano agradezco que estemos. Y es que en asuntos de salud, acostumbramos a ignorar cuanto tenemos hasta que nos falta.
Por supuesto que andaré pendiente de los posibles casos, contactos, dudas habidas y demás que pudieran surgir en torno al Coronavirus. Y si los avisos lo permiten, seré fiel a esa máxima de dormir a mis pequeños con un cuento. Seguro que el de esta noche ya lo habéis adivinado: irá sobre cierto policía que en lugar de ladrones detenía microorganismos.
Porque los epidemiólogos somos una especie de policía sanitaria. Velamos para que todo esté tranquilo, sea donde sea y a la hora que sea, actuando en caso de alerta. Aunque a menudo no se nos conozca ni se nos reconozca, como ciudadano agradezco que estemos. Y es que en asuntos de salud, acostumbramos a ignorar cuanto tenemos hasta que nos falta.
Por supuesto que andaré pendiente de los posibles casos, contactos, dudas habidas y demás que pudieran surgir en torno al Coronavirus. Y si los avisos lo permiten, seré fiel a esa máxima de dormir a mis pequeños con un cuento. Seguro que el de esta noche ya lo habéis adivinado: irá sobre cierto policía que en lugar de ladrones detenía microorganismos.
jueves, 5 de marzo de 2020
Apagando Coronavirus
Acaban de confirmar que el VII Congreso Socinorte -Sociedad Norte de Medicina Preventiva y Salud Pública- programado para la próxima semana se ha suspendido. Pese al trastorno que conlleva cualquier cambio, entiendo que se trata de una decisión acertada pues, de hecho, ya habíamos optado por no asistir.
Ahora no es momento de reivindicaciones, sino de reconocer la labor que desempeñan los profesionales de la Epidemiología. Y es que, tal y como nos decía una paciente esta misma mañana, sois bomberos apagando enfermedades. Por eso -como otro más de ellos- quisiera darles las gracias, al igual que a los casos y pacientes a quienes encuestamos, marcamos pautas preventivas o recomendamos aislamiento. Es cierto que alguno se enfada con nosotros e incluso nos acusa de inocular temores. ¡Ojalá en nuestras cámaras repletas de vacunas hubiera alguna contra tantos miedos! Porque si analizase bien la situación, vería que esa estrategia nunca formó parte de nuestra cartera de servicios.
Entre tanto, mis hijos me siguen preguntando por el Coronavirus. La Sirenita está convencida de que su papá inventará una vacuna para que se curen todos. Al Principito le preocupa más si este sábado podré llevarle a su partido de balonmano. Ellos, y no el dichoso virus, sí que merecen una corona... O al menos ese cuento que compartiremos esta noche sobre cierto bombero que en lugar de fuegos apagaba enfermedades.
Ahora no es momento de reivindicaciones, sino de reconocer la labor que desempeñan los profesionales de la Epidemiología. Y es que, tal y como nos decía una paciente esta misma mañana, sois bomberos apagando enfermedades. Por eso -como otro más de ellos- quisiera darles las gracias, al igual que a los casos y pacientes a quienes encuestamos, marcamos pautas preventivas o recomendamos aislamiento. Es cierto que alguno se enfada con nosotros e incluso nos acusa de inocular temores. ¡Ojalá en nuestras cámaras repletas de vacunas hubiera alguna contra tantos miedos! Porque si analizase bien la situación, vería que esa estrategia nunca formó parte de nuestra cartera de servicios.
Entre tanto, mis hijos me siguen preguntando por el Coronavirus. La Sirenita está convencida de que su papá inventará una vacuna para que se curen todos. Al Principito le preocupa más si este sábado podré llevarle a su partido de balonmano. Ellos, y no el dichoso virus, sí que merecen una corona... O al menos ese cuento que compartiremos esta noche sobre cierto bombero que en lugar de fuegos apagaba enfermedades.
martes, 3 de marzo de 2020
Corona versus Coronavirus
Dicho por supuesto con el máximo respeto ante los casos, la epidemia de Coronavirus ha servido para que algunas personas sepan por fin en que consiste mi trabajo de médico: precisamente en eso, en el control y prevención de enfermedades. También ha permitido visibilizar el Sistema de Vigilancia Epidemiológica en España, conocer la capacidad de acción de los profesionales de nuestra Salud Pública -en este sentido, me consta el esfuerzo que están haciendo todos mis colegas- y en una licencia más literaria, constatar que el miedo -al igual que el dinero- no hace ni mejores ni peores a las personas; simplemente las descubre.
No obstante, de quien más he aprendido durante estos días ha sido de mis hijos. De ellos, que rescataron un termo para que tuviera café, pues les dije que hay mañanas en que no nos queda tiempo ni para ir a tomarlo... De ellos, que después de otro domingo de guardia atendiendo mil consultas, me recibieron en casa con ese bizcocho de chocolate... De ellos, que celebraron su fiesta de cumpleaños sin que papá pudiera acompañarles por motivos de trabajo.
Por cierto, mi Sirenita aún luce la corona de aquel día... Y de paso me pregunta que cuántos años cumple el dichoso virus. Porque -como bien insiste- si no fue su cumpleaños, que le quiten pronto esa corona que ni siquiera le corresponde para que vuelva a estar con ellos como antes.
No obstante, de quien más he aprendido durante estos días ha sido de mis hijos. De ellos, que rescataron un termo para que tuviera café, pues les dije que hay mañanas en que no nos queda tiempo ni para ir a tomarlo... De ellos, que después de otro domingo de guardia atendiendo mil consultas, me recibieron en casa con ese bizcocho de chocolate... De ellos, que celebraron su fiesta de cumpleaños sin que papá pudiera acompañarles por motivos de trabajo.
Por cierto, mi Sirenita aún luce la corona de aquel día... Y de paso me pregunta que cuántos años cumple el dichoso virus. Porque -como bien insiste- si no fue su cumpleaños, que le quiten pronto esa corona que ni siquiera le corresponde para que vuelva a estar con ellos como antes.
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