viernes, 15 de abril de 2022

Reinterpretando la Vida

 

Durante estos días de convalecencia domiciliaria, aprovecho para acabar de tejer mi nuevo libro -deseamos que esté disponible para las próximas ferias de verano-, y releer los antiguos. En cualquier caso, uno y otros seguirán fieles a mi estilo, escribiendo para compartir e incluyendo -como este, de El amor en los tiempos del Mindfulness- otro nuevo diccionario con el que juntos reinterpretamos la Vida.

Amabilidad: Tratar a los demás como me gustaría que me trataran a mí.
Atletismo: Disciplina deportiva en la que correr no es de cobardes.
Basura: Materia que tiramos porque no sabemos para qué nos podría servir.
Batería: Monitor de soporte vital que resucita a un ordenador, mientras carga aquellas partes de mi vida que a veces parecen muertas.
Celos: Muro sin razón de ser que se levanta entre dos confianzas. Nunca podrán ser amor; a lo sumo, un amor propio mal gestionado.
Esperanza: Asidero del desquiciado.
Hombre: Ser animado racional que acostumbra a portar un teléfono móvil en su mano.
Humildad: Virtud consistente en conocer tus debilidades para, desde ellas, obrar con fortaleza.
Luna: Satélite de ese planeta en el que se reencuentran los besos perdidos.
Maceta: Retal de Naturaleza que florece en mi casa.
Maleta: Metáfora de cada vida. Al revisar la nuestra, comprobamos lo que fuimos.
Mariposa: Primera bailarina en la danza del jardín. Dado que hubo un tiempo en que fue larva, me sirve como ejemplo de superación. 
Mindfulness: Declaración del estado de alerta en el territorio de la mente.
Medusa: Bocanada de vida en algún mar sin humos.
Optimismo: Sonreír todos los días.
Pepino: Lo que me importa lo que no me importa.
Pingüino: Ave palmípeda que prefirió nadar a volar, cambiando el azul del cielo por los añiles del mar.
Piraña: Pez que habita en los océanos de nuestra imaginación y que a veces devora los finales de mis cuentos.
Soberbia: Pobreza de creer que uno es el más rico en todo.

miércoles, 13 de abril de 2022

En el Día Internacional del Beso

En estos tiempos que nos tocan vivir, cada fecha esconde algún motivo para cualquier efeméride. Y así, mientras ayer celebramos el Día Internacional del Helado o mañana celebraremos -entre otras- el Día Internacional del Portero de Fútbol, hoy corresponde el turno al Día del Beso.
Antropológicamente, el origen de este gesto universal radica en aquellas páginas de la Prehistoria en la que los homínidos alimentaban a sus crías de boca a boca. Arqueológicamente, sus vestigios más antiguos se hallan en algunos templos orientales que contienen figuras de piedra en posturas que conjugan el verbo besar. Literariamente, ya encontramos referencias alusivas en la célebre Odisea de Homero, compuesta allá por el siglo VIII a. C. Culturalmente, este acto proviene de la lejana India, habiéndose expandido por Occidente a través de las expediciones de Alejandro Magno.
En la antigua Persia, el beso constituía otra forma habitual de saludo... durante la Edad Media se consideraba una acción impura... con la Revolución Industrial pasó a practicarse tan solo en la intimidad... Incluso en la Francia de principios del siglo XX, llegó a prohibirse por ley besarse en los andenes de la estación porque producían retrasos en la salida de trenes. 
Los hay con Historia propia -como los besos de Judas-, de récord Guinness -como el más largo del mundo, establecido inicialmente en Tailandia en el año 2011, con una duración cercana a las 48 horas-, con especialistas que analizan sus reacciones -los llamados osculogistas, capaces de detallar la treintena de músculos de cabeza y cuello que movilizamos al besar-... E incluso de los que acaban luciendo en alguna obra de arte, como el del espléndido Gustav Klimt. 
Quizás esta pandemia por COVID19 nos haya robado muchos de ellos, privándonos de alguna de esas propiedades terapéuticas -además de afectivas y románticas- que ya intuyeran los Celtas: desde mejorar la circulación sanguínea a liberar endorfinas, incrementando de paso la autoestima o disminuyendo nuestro estrés. Por suerte, como afirmara Neruda, en un solo beso sabrás todo lo que he callado.

martes, 12 de abril de 2022

Llorando Mariúpol

En la metrópoli ucraniana de Mariúpol, los sitiadores rusos apenas respetan nada. Más del 80% de sus edificios han sido destruidos por los bombardeos, y los residentes que quedan en ella -se estima que entre 100.000 y 160.000- carecen de agua, luz, electricidad y otros productos de primera necesidad. Según su alcalde, al menos 10.000 de sus habitantes han fallecido como consecuencia del asedio -si bien, podrían ser más del doble- y las calles se encuentran literalmente alfombradas de cadáveres. Denuncia también que entre 20.000 y 30.000 de sus vecinos han sido deportados de manera forzosa a territorio controlado por Rusia. Según la Fiscal General de Ucrania, Mariúpol es uno de los 6.000 lugares del país en los que a día de hoy se están cometiendo -presuntamente- crímenes de guerra, habiéndose asesinado civiles de modo deliberado bajo la excusa de desnazificar la región. Incluso se ha difundido la noticia de que las tropas invasoras pudieran haber empleado allí algún dron para expandir agentes químicos.
En los ataques de esta mañana, otro proyectil lanzado desde cualquier tanque ruso ha destruido el centro de Cáritas en la ciudad, causando la muerte de al menos siete personas -dos de ellas trabajadores suyos- que buscaban refugio en sus instalaciones. A sabiendas de la labor desarrollada por esta organización, lo sentimos de corazón.
Y así sumamos ya casi cincuenta días de horror, con escenas tan dantescas -desde saqueos a violaciones, sin olvidar tantos asesinatos indiscriminados- como las habidas en Bucha, Borodyanka, Kiev... o ahora en Mariúpol. La guerra es, sin duda, la madre de todas las locuras. ¿Hasta cuándo? 

domingo, 10 de abril de 2022

Todo va a ir bien

Aun cuando parezca una frase más optimista que positiva y yo siempre haya apostado por las segundas, reconozco que últimamente he hecho de ella el lema de mi vida: Todo va a ir bien. La tomé prestada de un concierto inolvidable del cantautor Luis Guitarra, tal como me recuerda aquel colgante que nos regalaron mis hijos a su final. Desde entonces, apenas me lo he quitado.
Y como si fuera un talismán, recargo con ella la confianza en mí mismo, creyendo realmente que las cosas buenas aún pueden pasar. Al repetirla, me siento cerca de cuanto quisiera conseguir. Me sé más capaz, más querido, más agradecido.  
Admito que en estos tiempos de pandemia, desencuentros -¡cómo duele la Guerra de Ucrania!- y demás jinetes modernos del Apocalipsis, demasiados miedos nos susurran lo contrario, restándonos mucho de cuanto somos. De ahí que el Todo va a ir bien, más que una mera declaración de intenciones, sea una apuesta firme por la Esperanza; esa virtud que -como asegurara alguno de mis personajes- no es nunca lo último que se pierde... ¡Será siempre lo primero que se encuentra!  

sábado, 9 de abril de 2022

¡Bromas, las justas!

No hace mucho, paseando junto a Nicasio por algún parque de nuestra ciudad, cierto mendigo bastante conocido en esa zona nos saludó, mientras me decía en tono jocoso:
- ¡De ti ya sabes que no quiero nada! Lo que me vayas a dar, gástatelo en crecepelo.
Le respondí con un buenos días y otra sonrisa, mientras seguimos caminando.
Media docena de pasos después, mi amigo me preguntó que por qué consentía tal comentario, ya que en su opinión era un insulto claro que pretendía reírse de mi alopecia.
Yo le contesté que apenas me molestaba, que lo consideraba una broma y que más bien lo que él quería era reírse conmigo.
- Pues a mí, ¡bromas, las justas! -insistió.
A la semana siguiente, después de que en la ceremonia de los Oscar, el actor Will Smith abofeteara al presentador Chris Rock por cierto chiste a propósito del corte de pelo de su mujer -secundario a un proceso patológico-, Nicasio me recordaba aquel primer incidente.
- ¿Acaso el presentador no se pasó de listo con ella? ¿Acaso ese indigente no se propasó contigo?
En mi opinión -la última de las últimas-, sin pretender juzgar a nadie -demasiado tengo con juzgarme a veces a mí mismo-, entendiendo que en una ceremonia así se acostumbra a interactuar con el público e incluso validando que objetivamente su comentario pudiera ser inoportuno, quiero creer que Rock jamás tuvo intención de molestar a nadie. Probablemente ni siquiera conocía los motivos de tal peinado. Su lenguaje gestual -mucho más comunicativo que el propio lenguaje oral- apuntaba en tal sentido. 
Otra cosa es la reacción posterior de Smith -quien, evidentemente, se sentiría agraviado-, con todas sus razones y matices, que le ha generado una catarata de críticas. Dado que por obvia tampoco aporta nada, no añadiré la mía.
En cualquier caso, cada vez resulta más difícil gastar y aceptar cualquier broma. Ante esa aureola que vivimos de lo políticamente correcto, cada vez cuesta más hacer un comentario indemne, de esos que nunca molestarían a nadie. Ese humor inteligente, libre de polvo y paja, al que remite Nicasio podría acabar convirtiéndose en una especie de autocensura. ¡Bromas, las justas! Tal vez deba ser así... Quizás hasta en el próximo paseo me acabe enfadando con aquel mendigo que saluda mediante esa letanía del crecepelo. 
Todo sea por sobrevivir a estos tiempos tan serios que nos ha tocado vivir.

viernes, 8 de abril de 2022

Agraciado y agradecido

Al final hubo que operar. No quedaba otro remedio. Aquella lesión producida en aquella carrera solidaria que celebramos en nuestro pueblo, no podía salirse con la suya. En principio, sorteó al tratamiento médico y se burló de las tandas de rehabilitación, pero a la postre ha acabado sucumbiendo a la precisión de la cirugía.
A lo largo de este proceso me he sentido agraciado porque hubiera solución y agradecido por tanto acompañamiento. Me consta que muchas personas habéis estado a mi lado. De la A de Alma a la Z de Zulima. Por ello, GRACIAS con mayúscula, subrayado, negrita, en cursiva... Y sobre todo, de corazón.
Me permito también la licencia de mostrar nuestro agradecimiento al neurocirujano del Hospital de León, Dr. Carlos Sánchez, y a su equipo, por esa profesionalidad, por ese derroche de humanidad, por haber estado ahí cuando había que estar... e incluso por esa pasión compartida llamada Música.
Agraciado y agradecido, que por algo ambos términos provienen de la misma raíz indoeuropea: gwera -digno de alabanza-.

sábado, 2 de abril de 2022

Campeones Alevines de Ajedrez

El equipo en categoría Alevín de Ajedrez del colegio Marista San José, compuesto -según orden de puntuación final- por Rodrigo, nuestro hijo Manuel, Javi, Darío y Sofía, bajo la batuta de su entrenador José Luis, se ha proclamado esta mañana ganador del campeonato de los Juegos Escolares de León, organizado por Escuelas Deportivas Municipales.
Sin duda, ha sido un triunfo de la constancia en un deporte del que -entre mil beneficios- sabemos que acrecienta su creatividad, desarrolla la memoria, aumenta la capacidad de concentración... Y le permite seguir haciendo amigos.
Con las dos victorias de hoy de Manuel y ese puesto final individual empatado con el segundo clasificado, no solo han conseguido este galardón sino la clasificación para las finales provinciales de su categoría, a celebrar en el próximo mes de mayo.
Entre gambitos de Dama, ¡enhorabuena, campeones!