Este próximo sábado 2 de septiembre, en horario de mañana y tarde, estaré en Palencia en el stand que Ediciones Irreverentes ha montado con motivo de la 41ª edición de su Feria del Libro, firmando ejemplares de toda mi obra. Será el segundo año consecutivo que acuda al Parque del Salón, coincidiendo con las fiestas patronales de la ciudad.
Si podéis y os apetece, nos seguiremos contando por allí.
lunes, 28 de agosto de 2017
jueves, 24 de agosto de 2017
Más lunas llenas
Mi obra Catorce lunas llenas, primer premio del XXXVIII Certamen Literario Carta Puebla en su modalidad de libro de cuentos, ha sido una de las 117 obras admitidas al XIV Premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en España durante el pasado año.
Sin duda, un motivo más para celebrar.
Sin duda, un motivo más para celebrar.
viernes, 18 de agosto de 2017
Llorando Barcelona
Aunque me falten palabras, quiero mostrar mi dolor por el atentado terrorista ocurrido ayer en Barcelona. Comparto mi solidaridad con todas las víctimas (descansen en paz las que murieron), mi apoyo a todos los Cuerpos de Seguridad, mi repudio más enérgico a los autores/cómplices de esa barbarie, mi propia impotencia. Y comparto también mi convicción más profunda de que -a pesar de las dificultades- nadie atropellará nuestros valores, nuestra Libertad, nuestros deseos sinceros de una convivencia en Paz.
Barcelona, guapa y cosmopolita. Allí pasé dos años de mi vida, recorriendo mil veces esas Ramblas que te vertebran. Hoy lloro junto a ti.
Barcelona, guapa y cosmopolita. Allí pasé dos años de mi vida, recorriendo mil veces esas Ramblas que te vertebran. Hoy lloro junto a ti.
jueves, 13 de julio de 2017
La ventana mágica
Los últimos libros que han desembarcado en nuestra biblioteca lo hicieron a través de mis hijos. Son obras más infantiles, pero no por ello menos interesantes, con las que nos hemos entretenido, aprendido y -por supuesto- sonreído. Algunas de ellas llegaron vestidas de regalo, dicho en el sentido más entrañable de la palabra: regalo por la intención con la que nos lo dedicaron, regalo por tanta delicadeza en su contenido.
Uno de esos libros cargados de encanto es La ventana mágica (Editorial La Alondra), de Ana Isabel García Capapey, magníficamente ilustrado por Rocío la pequeña. Aun cuando a priori pudiera estar destinado a los niños que realizan un cambio de ciclo escolar -concretamente de infantil a primaria-, se trata en realidad de una enseñanza sobre cómo adaptarse a cualquier edad a los distintos eventos que nos van sucediendo a lo largo de la vida.
Anabel, su autora, es una extraordinaria cuentoterapeuta que derrocha humanidad, a la que tengo por amiga y compañera de viaje en este camino llamado Literatura. Su ventana resulta un juego, una metáfora... una lección magistral para todos los chiquillos, con independencia de los años que tengamos.
Por eso, y con el mismo cariño con el que lo hice ante mis hijos, os invito a que la abráis de par en par.
Uno de esos libros cargados de encanto es La ventana mágica (Editorial La Alondra), de Ana Isabel García Capapey, magníficamente ilustrado por Rocío la pequeña. Aun cuando a priori pudiera estar destinado a los niños que realizan un cambio de ciclo escolar -concretamente de infantil a primaria-, se trata en realidad de una enseñanza sobre cómo adaptarse a cualquier edad a los distintos eventos que nos van sucediendo a lo largo de la vida.
Anabel, su autora, es una extraordinaria cuentoterapeuta que derrocha humanidad, a la que tengo por amiga y compañera de viaje en este camino llamado Literatura. Su ventana resulta un juego, una metáfora... una lección magistral para todos los chiquillos, con independencia de los años que tengamos.
Por eso, y con el mismo cariño con el que lo hice ante mis hijos, os invito a que la abráis de par en par.
miércoles, 5 de julio de 2017
Manual de pérdidas
Me sucedió con Un preso que hablaba de Stanilavsky de Santiago García Tirado, con La última vuelta del scaife de Mercedes Pinto, con Un mundo peor de Claudio Cerdán, con tantos poemas de Raquel Lanceros, con esos relatos de Miguel Paz Cabanas. Cierto día, sus renglones llamaron a mi puerta y se han quedado a vivir conmigo para siempre.
El último de esos libros en instalarse en mi casa ha sido Manual de pérdidas, con el que Javier Sachez García acaba de obtener el I Premio de Novela Breve "Pancho Guerra". En él se cuenta la historia de Abdón, un jubilado amante de la Literatura quien, tras ser diagnosticado de la enfermedad de Alzheimer, decide devolver cada libro que le han regalado a lo largo de su vida a aquella persona que a él se lo regaló.
Bajo tal propósito se esconde una obra de lo más original, muy bien escrita -realmente lo está-, cargada de emotividad, que aborda con realismo el proceso de desgaste progresivo que ocasiona cualquier demencia tanto en el propio afectado como en su familia -de lo que doy fe, como médico y psicólogo-... Una obra en la que los libros adquieren un papel protagonista, escondiendo tras ellos muchas más historias de las que nos cuentan.
Manual de pérdidas es una novela cargada de metáforas a propósito de la Literatura, la memoria, las relaciones humanas, el amor en sus distintas formas... A pesar de las circunstancias, ofrece una perspectiva positiva que invita a reflexionar, a mirarnos a nosotros mismos, a ser nosotros mismos. Por eso la he leído y releído, por eso la recomiendo, por eso -otra vez casi sin darme cuenta- ha pasado a formar parte de los libros de mi vida.
El último de esos libros en instalarse en mi casa ha sido Manual de pérdidas, con el que Javier Sachez García acaba de obtener el I Premio de Novela Breve "Pancho Guerra". En él se cuenta la historia de Abdón, un jubilado amante de la Literatura quien, tras ser diagnosticado de la enfermedad de Alzheimer, decide devolver cada libro que le han regalado a lo largo de su vida a aquella persona que a él se lo regaló.
Bajo tal propósito se esconde una obra de lo más original, muy bien escrita -realmente lo está-, cargada de emotividad, que aborda con realismo el proceso de desgaste progresivo que ocasiona cualquier demencia tanto en el propio afectado como en su familia -de lo que doy fe, como médico y psicólogo-... Una obra en la que los libros adquieren un papel protagonista, escondiendo tras ellos muchas más historias de las que nos cuentan.
Manual de pérdidas es una novela cargada de metáforas a propósito de la Literatura, la memoria, las relaciones humanas, el amor en sus distintas formas... A pesar de las circunstancias, ofrece una perspectiva positiva que invita a reflexionar, a mirarnos a nosotros mismos, a ser nosotros mismos. Por eso la he leído y releído, por eso la recomiendo, por eso -otra vez casi sin darme cuenta- ha pasado a formar parte de los libros de mi vida.
miércoles, 28 de junio de 2017
Puntualmente tarde
Sucedió el año pasado, mientras impartía clases de Epidemiología en la Facultad. Si empezábamos a las cuatro, yo solía llegar a menos diez, el primer alumno lo hacía a menos cinco, a en punto apenas había media docena, y entre y diez e y cuarto se incorporaba la mayoría. "Con las distancias y tantos atascos, resulta imposible estar en hora", se justificaba el delegado de curso, mientras pedía esos minutos de cortesía. Sea como fuere, las clases rara vez comenzaban antes de las cuatro y cuarto.
Durante estas fiestas de León, he tenido una vivencia similar. El viernes acudimos a ese concierto coral, cuyo inicio se demoró un cuarto de hora... El sábado participamos en cierto espectáculo infantil que empezó veinte minutos tarde... Y el domingo asistimos al concierto de una banda que se inició con ese mismo retraso, "en deferencia a quienes no han podido venir antes".
Siempre he dicho que me considero una persona demasiado germánica en mi cotidianidad y demasiado latina en mis pasiones. Quizá por eso, me moleste tanto esa impuntualidad, que lleva camino de hacerse norma. No en vano, más de uno ya llega a y cuarto a propósito, sabedor de que antes no van a empezar. Son esos minutos de cortesía que se conceden a quien -por los motivos que sea, seguro que en muchos casos razonables- no se presenta a su hora... Si bien, paradójicamente, no dejan de ser descorteses para quienes estábamos allí con exquisita puntualidad.
Durante estas fiestas de León, he tenido una vivencia similar. El viernes acudimos a ese concierto coral, cuyo inicio se demoró un cuarto de hora... El sábado participamos en cierto espectáculo infantil que empezó veinte minutos tarde... Y el domingo asistimos al concierto de una banda que se inició con ese mismo retraso, "en deferencia a quienes no han podido venir antes".
Siempre he dicho que me considero una persona demasiado germánica en mi cotidianidad y demasiado latina en mis pasiones. Quizá por eso, me moleste tanto esa impuntualidad, que lleva camino de hacerse norma. No en vano, más de uno ya llega a y cuarto a propósito, sabedor de que antes no van a empezar. Son esos minutos de cortesía que se conceden a quien -por los motivos que sea, seguro que en muchos casos razonables- no se presenta a su hora... Si bien, paradójicamente, no dejan de ser descorteses para quienes estábamos allí con exquisita puntualidad.
lunes, 26 de junio de 2017
Las dos luminarias
Cuenta una leyenda africana, que hace mucho, muchísimo tiempo, nuestro
planeta Tierra tuvo la opción de escoger dos astros del firmamento para que le
dieran luz. Y de entre todos, eligió al Sol y a la Luna. Ambas luminarias se
pusieron tan contentas que corrieron a compartirlo con la Madre Naturaleza.
Fueron a su casa… pero la hallaron cerrada. Fueron al mercadillo que montan los
jueves en Saturno… pero tampoco la encontraron. Finalmente, alguien les dijo
que se estaba bañando en el lago.
En efecto; allí reposaba sin ninguna ropa, relajándose plácidamente
tras una jornada colmada de quehaceres.
La actitud entonces de cada una de aquellas luminarias resultó muy
diferente. Mientras que el Sol, entre tímido y pudoroso, apenas miró la
desnudez de la diosa, la Luna no paró de contemplarla.
Dicho comportamiento fue percibido por la Madre Naturaleza, quien
indicó a ambos astros que se acercaran. De manera que cuando salió del lago,
justo en el momento de secarse, comentó al Sol:
- Siempre me has tratado con el máximo respeto. Incluso hoy retiraste tu
mirada de mi cuerpo, por si de algún modo me pudieras molestar. En señal de
agradecimiento, dispongo que nadie pueda mirarte sin que le dañen los ojos, sin
que deba retirar su vista de ti.
Por su parte, preguntó a la Luna:
- ¿Por qué te empecinaste en verme desnuda? ¿Acaso te burlas de mi
anatomía? ¿No pensaste ni por un momento que esa actitud me podría molestar?
–le increpó con aires de enojo-. A modo de reprimenda, dispongo que desde hoy
seas tú la que te expongas a los demás, brillando nítida en la oscuridad del
cielo hasta convertirte en centro de todas las miradas.
Al final somos víctimas de nuestras confianzas.
Desde entonces, ningún ser vivo fija su vista en el sol sin que con
ello se dañen sus retinas… Y ningún ser humano puede resistir la tentación de
dirigir sus ojos, al menos por un instante, hacia ese faro –tan hermoso como
indiscreto- que ilumina cada noche de Luna llena.
Esta leyenda acabó porque en algún sitio se perdió. Cuando la vuelva a
encontrar, te la volveré a contar.
Nota: Relato titulado Las dos luminarias, incluido en mi libro Catorce lunas llenas.
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