Hoy se celebra el Día Mundial sin Tabaco. Como médico epidemiólogo quisiera destacar ante todo los beneficios que a nivel de la salud conlleva el hecho de no fumar. Y de paso, recordar aquellos años en los que la prevención del tabaquismo constituía el epicentro de mi trabajo. Junto a mis colegas y amigos John Elder (Universidad de San Diego) y Antonio Sarria (Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias), publicamos artículos de investigación de lo más sugerentes: "La publicidad de tabaco en Internet", "Análisis de la campaña de la marca de tabaco Fortuna durante el bienio 1999-2000", "Tabaco, cine y adolescencia"...
Con mi amigo Mariano Lázaro (Profesor de Historia) editamos algunos trabajos sumamente interesantes relacionados con dicho hábito durante la Guerra: "El valor social del tabaco en la Guerra Civil Española", "Tabaco en la prensa aragonesa durante la Guerra Civil Española", e incluso aquella colaboración con la enciclopedia del diario El Mundo en el que dábamos a conocer una carta enviada por distintos científicos americanos -entre ellos, el propio Albert Einstein- al que fuera presidente de la República, detallándole la posibilidad de obtener ácido nicotínico a partir de las labores del tabaco para combatir la epidemia de pelagra que por entonces asolaba Madrid.
Y por supuesto, junto a otros muchos profesionales presentamos los resultados obtenidos en los diferentes programas preventivos en los que estuve implicado.
Quizá sean demasiados recuerdos para esta fecha en la que, sin duda, debería lucir uno solo: que no fumar es altamente beneficioso para nuestra salud.
domingo, 31 de mayo de 2015
viernes, 29 de mayo de 2015
De feria en feria
Hoy se inaugura la 74ª edición de la Feria del Libro de Madrid y mañana la 31ª de la Feria del Libro de Zaragoza. Dos eventos culturales en los que tuve la suerte de participar el pasado año y en el que, a pesar de las respectivas invitaciones, no podré asistir en este. Si bien ya di en otra entrada las debidas explicaciones al respecto, quisiera tenerlas en el recuerdo y desear a todas las personas vinculadas al mundo literario, sencillamente eso: unos felices días.
Porque como apuntó la poetisa Emily Dickinson, "para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro"... Como indicara el genial Rubén Darío, "el libro es fuerza, valor, alimento, antorcha del pensamiento y manantial del amor"... Y como expresase el poeta Heinrich Heine, "allí donde se queman ejemplares, se acaba por quemar a los hombres".
Que el buen tiempo acompañe y que luego, siendo también fieles a nuestro refranero, cada cual cuente su feria según le va.
Porque como apuntó la poetisa Emily Dickinson, "para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro"... Como indicara el genial Rubén Darío, "el libro es fuerza, valor, alimento, antorcha del pensamiento y manantial del amor"... Y como expresase el poeta Heinrich Heine, "allí donde se queman ejemplares, se acaba por quemar a los hombres".
Que el buen tiempo acompañe y que luego, siendo también fieles a nuestro refranero, cada cual cuente su feria según le va.
martes, 26 de mayo de 2015
Mi memoria de humo
En esta declarada Semana sin humo, comparto paradójicamente mi contribución con algo menos de mil palabras a una imagen de Julio A. G. Moro, en la exposición fotográfica Minería, pasado y ¿futuro?:
Mi
padre repetiría unas cien millones de veces que soy una persona exagerada. Que
mentir no miento, pero que explico las cosas de tal modo que convierto en
gigante la más diminuta de nuestras historias. Él resumía aquella idea con una frase:
- Si
mi hijo dice que llueve, ¡llueve! Ahora bien... aunque jure que el agua cae a
mares, asomaos antes a la ventana. Probablemente sean cuatro gotas.
A
veces, desde la exageración se ve mejor el alma.
El
origen de esa fama arranca del día que vi salir humo de los graneros. Avisé a
los mozos en el bar de la plaza e incluso alertamos a los forestales por si se
tratara de un incendio. Corremos con cubos de agua. Y allí, al abrir la puerta,
está el Bienvenido fumándose un puro que, efectivamente, desprende una humareda
escandalosa.
Papá
sale en mi defensa:
- Más
vale prevenir... ¡A quién se le ocurre prender un cigarro donde hay tanta paja! Has hecho muy bien al advertirnos.
Sin
embargo, en casa conmigo a solas, apostilla:
- La
próxima vez que veas humo, asegúrate de que también hay fuego. Y no vayas al
bar; nada les molesta más que interrumpan su partida.
La
vida es una sucesión de meteduras de pata.
jueves, 21 de mayo de 2015
Minería, pasado y ¿futuro?
Este próximo lunes 25 de mayo, en el edificio de la Obra Social Caja España del municipio leonés de Veguellina de Órbigo, se inaugura una exposición fotográfica de lo más interesante: Minería, pasado y ¿futuro? Dicha exposición muestra distintas imágenes de complejos mineros abandonados en la provincia, captadas por el objetivo de Julio A. G. Moro.
Cada fotografía estará acompañada por un párrafo redactado por alguno de los escritores que han colaborado en la exposición: Rafael Saravia, Manuela Bodas, Epigmenio Rodríguez, Mercedes González Rojo... Y así hasta casi una veintena de autores entre los que me encuentro, pues he tenido el gusto de contar con la confianza de Julio y participar en este proyecto suyo tan emotivo con dos pequeños textos: Mi memoria de humo y Cuando la sorpresa no viene de fábrica.
Cada fotografía estará acompañada por un párrafo redactado por alguno de los escritores que han colaborado en la exposición: Rafael Saravia, Manuela Bodas, Epigmenio Rodríguez, Mercedes González Rojo... Y así hasta casi una veintena de autores entre los que me encuentro, pues he tenido el gusto de contar con la confianza de Julio y participar en este proyecto suyo tan emotivo con dos pequeños textos: Mi memoria de humo y Cuando la sorpresa no viene de fábrica.
martes, 19 de mayo de 2015
Sobre los libros expósitos
Lo he dicho muchas veces: me apasiona la investigación histórica. Y de entre los temas que he trabajado al respecto, hay uno por el que siento especial cariño: el de los niños expósitos, entendiendo como tales aquellos pequeños que eran abandonados por sus padres, preferentemente a las puertas de una inclusa.
Parafraseando lo dicho, estoy convencido de que también existen los llamados libros expósitos. Esto es, obras abandonadas por sus verdaderos autores (conocidos como negros en el argot literario) para que sean firmadas por otros. En este sentido, siempre he admitido que cuando remití a una editorial el borrador de mi primer libro, El amor azul marino, hace ahora diez años, uno de sus agentes llegó a plantearme la posibilidad de que escribiera para terceros, alegando que así ganaría más dinero. Le respondí y volvería a responderle que "no".
En Internet hay anuncios buscando escritores que escriban al mejor postor, ofreciendo suculentos beneficios... Y si existen, es porque se usan.
Por otro lado, sin ánimo de menospreciar a nadie, cuesta creer que determinados personajes televisivos -presentados como autores de best sellers- sean capaces de redactar lo que dicen que redactan.
Por casualidades del destino, hace unos días cayó en mis manos una novela ambientada en un contexto histórico muy concreto, escrita por una persona que a priori nada tiene que ver con ese tema. Es su opera prima, y realmente sorprende lo bien narrada que está y el poco tiempo que ha tardado en su elaboración -seis meses, según refiere-. Pero al departir con él, uno se da cuenta de que desconoce las bases históricas sobre las que se sustenta, que en verdad sabe muy poco de sus propios personajes y que, francamente, cuesta creer que sea de su autoría.
Si fuera mal pensado, podría afirmar que esa obra cumple todos los criterios para ser un libro expósito... El primero que habría sido capaz de descubrir a lo largo de mi vida.
Parafraseando lo dicho, estoy convencido de que también existen los llamados libros expósitos. Esto es, obras abandonadas por sus verdaderos autores (conocidos como negros en el argot literario) para que sean firmadas por otros. En este sentido, siempre he admitido que cuando remití a una editorial el borrador de mi primer libro, El amor azul marino, hace ahora diez años, uno de sus agentes llegó a plantearme la posibilidad de que escribiera para terceros, alegando que así ganaría más dinero. Le respondí y volvería a responderle que "no".
En Internet hay anuncios buscando escritores que escriban al mejor postor, ofreciendo suculentos beneficios... Y si existen, es porque se usan.
Por otro lado, sin ánimo de menospreciar a nadie, cuesta creer que determinados personajes televisivos -presentados como autores de best sellers- sean capaces de redactar lo que dicen que redactan.
Por casualidades del destino, hace unos días cayó en mis manos una novela ambientada en un contexto histórico muy concreto, escrita por una persona que a priori nada tiene que ver con ese tema. Es su opera prima, y realmente sorprende lo bien narrada que está y el poco tiempo que ha tardado en su elaboración -seis meses, según refiere-. Pero al departir con él, uno se da cuenta de que desconoce las bases históricas sobre las que se sustenta, que en verdad sabe muy poco de sus propios personajes y que, francamente, cuesta creer que sea de su autoría.
Si fuera mal pensado, podría afirmar que esa obra cumple todos los criterios para ser un libro expósito... El primero que habría sido capaz de descubrir a lo largo de mi vida.
lunes, 18 de mayo de 2015
Compartiendo un mensaje
¡Cómo pasa el tiempo! En nada hará un año que presentamos mi libro Nanas para un Principito, en el I Encuentro Internacional de Literatura Infantil y Juvenil "Astorga de cuento" (31/05/2014) y en el Auditorio "Ángel Barja" de León (2/06/2014). Y desde entonces seguimos compartiendo muchos mensajes inesperados que recibes de algún amigo lector, y que -a pesar de esa cadencia del tiempo- no pierden la capacidad de dibujarte en la cara una sonrisa:
"Acabo de terminar Nanas para un Principito y tengo el firme propósito de volver a leer El Principito. Hace ya tantos años que lo leí, que lo único que recuerdo es que lo esencial resulta invisible a los ojos, y solo porque una amiga ceramista me elaboró un cuadro con esta leyenda.
Como siempre con tus libros, me has transmitido esa especie de Sabiduría interior envuelta en ternura (en lugar de celofán). Esa declaración de amor continua por tu familia, amigos y la Humanidad en general... Tu forma habitual, tan poética y entrañable, de relatar las vivencias compartidas me ha hecho llorar con frecuencia, aunque no de tristeza, claro.
Me gustaría aclararte porque las personas gustamos más de contar problemas que alegrías, ya que te lo preguntas en el capítulo de El payaso triste. Yo he escuchado que las penas compartidas se dividen y las alegrías se multiplican... Supongo que se puede aplicar también a los problemas y ¡todos queremos dividir o multiplicar en nuestro beneficio!
Bueno, no voy a escribir un libro para agradecer el tuyo, solo dejaré constancia de mi impresión de esta minibiografía compartida".
"Acabo de terminar Nanas para un Principito y tengo el firme propósito de volver a leer El Principito. Hace ya tantos años que lo leí, que lo único que recuerdo es que lo esencial resulta invisible a los ojos, y solo porque una amiga ceramista me elaboró un cuadro con esta leyenda.
Como siempre con tus libros, me has transmitido esa especie de Sabiduría interior envuelta en ternura (en lugar de celofán). Esa declaración de amor continua por tu familia, amigos y la Humanidad en general... Tu forma habitual, tan poética y entrañable, de relatar las vivencias compartidas me ha hecho llorar con frecuencia, aunque no de tristeza, claro.
Me gustaría aclararte porque las personas gustamos más de contar problemas que alegrías, ya que te lo preguntas en el capítulo de El payaso triste. Yo he escuchado que las penas compartidas se dividen y las alegrías se multiplican... Supongo que se puede aplicar también a los problemas y ¡todos queremos dividir o multiplicar en nuestro beneficio!
Bueno, no voy a escribir un libro para agradecer el tuyo, solo dejaré constancia de mi impresión de esta minibiografía compartida".
viernes, 15 de mayo de 2015
"Acacias 38" y niños expósitos en Ediciones Irreverentes
Admito que siempre he sentido un cariño especial por esta novela. No olvido la noche en que la presentamos ante aquel público amigo que llenaba el Auditorio "Ángel Barja" de León, la mañana en que diserté sobre ella en la Feria del Libro de Frankfurt, la tarde en que mi editor la llevó consigo a la Feria del Libro de Guadalajara. Pero sobre todo, recuerdo el día en que le puse punto y final... porque si hasta entonces, yo era un médico que escribía, desde ese preciso instante me sentí y me siento escritor.
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