miércoles, 14 de octubre de 2020

Ese regalo llamado AMISTAD

Mientras que la Sirenita recortaba una corona dibujada y nos ofrecía su ropa de colores para celebrar mi cumpleaños de mañana, me preguntaba a mí mismo cómo se pasa la vida.
Siendo niño allá donde nací, gustaba de disfrazarme con ese traje vaquero que un tal Melchor dejó junto a mis zapatos aquella noche de Reyes. Lo lucía con tanto esmero que el mismísimo Lucky Luke se habría batido en duelo por conseguirlo.
Siendo médico de vuelo en tierras lejanas, ajustaba al mono mi botiquín con aquellas trinchas que lograban el milagro de que todo fuese uno. Incluso quitaba el anillo de mi dedo para evitar que durante la misión pudiera engancharse por accidente y generar un problema mayor.
Siendo epidemiólogo en esta ciudad que me acuna, invierto cuanto haga falta para que mi equipo de protección individual no permita ni una sola fisura. Por los que están fuera; por mí, que estoy dentro.  
Y así, entre prendas y disfraces, vamos contando nuestra existencia.
El Principito añadiría otro detalle de lo más importante: sin un presente apropiado, no hay fiesta que se precie. ¿Qué te pides para mañana?, preguntarían los dos. En estos tiempos del Coronavirus, les he respondido que SALUD. Para todos, y hoy especialmente para ese amigo mío que en vez de en su casa está en el hospital, y al que deseamos juntos una pronta recuperación. Compañero de instituto, de tantas historias, de viajes, de fútbol, de confidencias, de mus... ¡de vida! Además de estar siempre ahí, es una de las personas que más me ha hecho sonreír. Y eso, en este siglo en el que todo se compra, no tiene precio.
Pero, ¿si pides para otro, te quedas sin regalo?, me advertiría la Sirenita. Apostillando: ¡Aunque sea tu amigo!
Admito que esta noche hemos tardado más en acostarnos, explicándoles que apenas hay obsequio mayor que cultivar la AMISTAD.

lunes, 12 de octubre de 2020

En el Día del Pilar

Desde mi condición de mañico, he sido siempre muy pilarista. Y no solo porque cada 12 de octubre, siendo niño, subiera calle Alfonso hasta su plaza para llevarle algún ramo de flores... Tampoco porque en casa o en nuestro coche hubiera siempre una de sus cintas... Ni siquiera porque en cada cuello de los miembros de mi familia cuelgue alguna de sus medallas... Sino, sobre todo, porque incluso al margen de nuestras creencias, nos encomendamos a Ella cada vez que la necesitamos.
Así lo hice en aquella final del campeonato escolar de Balonmano que acabamos ganando contra pronóstico, en decenas de carreras mientras practicaba Atletismo, en cientos de exámenes durante la Universidad, en aquel estadio parisino del Parque de los Príncipes cuando se encarnó en el gol de un tal Nayim, en aquella oposición que acabaría sacando, el día que pareciera el último de los días, en esa emboscada en la que abriese una puerta de salida... E incluso en estos tiempos del Coronavirus, deseando que todo se resuelva.
Entre tanto, en nuestro hogar la seguimos nombrando. En el dormitorio de la Sirenita, esta noche fue la protagonista de cada adivinanza: que no quiere ser francesa, que quiere ser capitana de la tropa aragonesa... Y en el del Principito recordábamos aquellos versos de su bisabuelo que en clave de jota le cantara hace mucho a mi abuela:

Zaragoza, Zaragoza,
flor de la jota bravía, 
viste nacer a una moza
que bella cara tenía.
Tal deleite producía
el ver cara tan hermosa
que hasta la Virgen decía:
Esa moza que camina
ha nacido en Zaragoza.

Y es que, esté donde estemos, la llevamos impresa en nuestro ADN. 
Por eso, de corazón, con corazón y desde el corazón, ¡feliz Día del Pilar! 

domingo, 11 de octubre de 2020

Jornada partida en tiempos del Coronavirus

Entre los refranes que nos contara mi abuela, últimamente rescato ese que dice que nunca muerdas la mano de quien te da de comer. Por ello, procuro abstenerme de hacer cualquier juicio de valor en contra de la Administración para la que trabajo. Quizá por eso también, mi amigo Nicasio acostumbre en nuestros paseos a ponerme en tal apuro.
Hoy charlábamos a propósito de las declaraciones de una de sus dirigentes, asegurando que no existe relación entre la incidencia de la COVID19 y la jornada partida -en horario de mañana y tarde- o continua -solo de mañana- de los colegios. Y entre una batería de dudas, me retaba a que diera respuesta a alguna de sus preguntas: 
1. ¿Cuántos estudios epidemológicos se han efectuado para llegar a tal afirmación? 
Le he contestado que yo no conocía ninguno.
2. ¿Pueden sacarse tales conclusiones en menos de un mes de curso? 
En mi opinión, nos falta perspectiva; parecería cuando menos arriesgado.
3. De haberse realizado tal estudio, ¿dónde se han presentado sus resultados? 
Sinceramente, no lo sé. He revisado los principales buscadores médicos nacionales e internacionales sin encontrar ni un solo artículo publicado al respecto. Ni siquiera de autores chinos, que en esto nos llevan siempre la delantera. En cualquier caso, deberían mostrarlos para establecer su validez interna -metodología- y externa -generalización de resultados-. Al menos, ese sería el trámite habitual en cualquier investigación de Salud Pública. 
4. A la hora de extraer esas conclusiones, ¿se ha considerado que las poblaciones de unos y otros centros podrían no ser comparables, al quedar condicionados por otros factores? 
En efecto, eso sería lo lógico. Estratificar antes de concluir, para evitar caer en más sesgos. 
5.- Ante tal incertidumbre, ¿por qué no se aplica el llamado principio de precaución, optando por reducir los tiempos de estancia y sobre todo posibles situaciones de riesgo como entradas y salidas, al menos mientras dure la actual situación epidemiológica? ¿Acaso lo han hecho mal aquellas Comunidades que actúan así de oficio? ¿Cómo es posible que en cualquier organismo oficial estén regulados esos horarios, mientras que en los centros docentes se sigan sin limitar? 
Por mi parte, casi mejor cambiamos de conversación.
Finalmente, Nicasio me confiesa que en estos tiempos del Coronavirus empieza a estar cansado de tanta noticia y su contraria: ayer los asintomáticos apenas contagiaban, hoy sí... ahora es útil la mascarilla, antes no... La jornada partida no influye en la incidencia de la COVID19... ¿Estáis seguros?
Entre tanta indecisión, el paseo ha terminado. Nos despedimos a nuestro estilo: con la mano en el corazón. Eso sí: para el próximo hablaremos de otro tema o estaremos callados. A fin de cuentas, como también dijera mi abuela, en la duda, ten la lengua muda.

viernes, 9 de octubre de 2020

Frankfurt, diez años después

Por estos días, hace ahora diez años, disfruté de una experiencia alucinante como escritor en la Feria del Libro de Frankfurt. Sin duda, la mejor de mi vida en la mejor del mundo. Y es que, invitado por el Centro del Libro de Aragón, durante aquella semana asistí a conferencias de autores que admiraba, conseguí una dedicatoria de Ken Follet, ese libro rubricado de Ildefonso Falcones, sentí la dinámica de un evento tan multitudinario, charlé con esta poeta rusa, con aquel novelista alemán... Y hasta improvisaría cierto cuentacuentos para nuestros compañeros latinoamericanos en cualquier stand que nos acogiera. La propia Dolores Redondo Meira, antes de ser quien luego sería, me deseaba suerte en un correo amistoso.
Mi editor había reseñado cada libro en inglés, francés, ruso y por supuesto español, de manera que con esa carpeta debajo del brazo me lancé a promocionarlos. No tardé en repartir las más de mil tarjetas que poseía y cuantos ejemplares cupieron en la maleta. Y todo sin agente, sin influencias, sin un grupo de esos grandes que te apoya... Pero también, sin miedos.
Quizá por eso, nunca permitieron que entrase al salón principal de la Feria, donde se brinda con champán después de cada contrato... Incluso en aquella agencia de renombre, nos aconsejaron que me marchara, pues sin representante difícilmente recibirían a nadie. Yo en cambio, no me rendí. La próxima vez que venga, descorcharemos esa botella, comenté con mis sueños. ¡Qué ingenuos éramos entonces!
Recuerdo que aquella tarde fallaron el Premio Nobel de Literatura del año 2010: Mario Vargas Llosa. Al anunciarlo por megafonía, nuestra ovación resultó atronadora. En la agencia que le representaba pusieron un cartel a colores: Hoy hemos ganado un Nobel. Y yo, dado que el día anterior ni siquiera me habían atendido, herido de orgullo improvisaría el mío en algún folio blanco: Ayer perdisteis otro.
En cualquiera de los casos, y esta vez con los pies en el suelo, prometo regresar. A fin de cuentas, sobreviviremos al maldito virus y nuestra vida -con sus muchos más y sus pocos menos- volverá a parecerse a la de siempre.

miércoles, 7 de octubre de 2020

Paseos en tiempos del Coronavirus

Me gusta pasear con mi amigo Nicasio por la ribera del Bernesga. Allí compartimos razonamientos, emociones, amistad... Y últimamente, alguna opinión relacionada con esa pandemia que estamos viviendo.
Ayer me dio la suya a propósito del confinamiento decretado en nuestra ciudad. Él considera que cualquier cierre perimetral sirve de poco, que suena más espectacular que efectivo, que sería mejor incidir en el cumplimiento de las medidas preventivas, en la limitación de aforos, en evitar situaciones de riesgo como las fiestas o reuniones sin protección. Al preguntarme al respecto, le indico que como técnico ya dejé claras mis impresiones allá donde procedía.
Después se cuestionó porque en nuestra Comunidad, a diferencia de en otras, se permite que haya centros docentes con jornada partida -horario de mañana y tarde-, en los que se duplican los momentos de riesgo -como entradas y salidas- y se obliga a los niños a llevar su mascarilla durante más tiempo. Y aunque nuestra Consejera afirme que no está demostrado que esa jornada influya sobre la incidencia de la COVID19, tampoco demostramos lo contrario. En tales circunstancias, ¿por qué nadie actúa de oficio? ¿No resultaría oportuno aplicar el principio de precaución sin asumir ningún riesgo potencial? Entonces respondo a Nicasio que preferimos no posicionarnos para evitar influir sobre el resto de los padres.
Finalmente se pregunta cómo es posible que un protocolo validado por la Dirección de Educación de nuestra provincia diga literalmente que en caso de exención es condición imprescindible que el alumno presente un certificado médico donde, explícitamente, se aluda a la exención del uso de la mascarilla durante todo el periodo lectivo, cuando los colegios oficiales de médicos han reiterado a sus asociados que la emisión del mismo no es su responsabilidad. ¿Cómo puede exigirse un documento que resulta casi imposible de conseguir? Ciertamente parece de locos, mas prefiero acogerme a que al ser de Sanidad, esa no es competencia mía.
Al despedirnos con la mano sobre el pecho, Nicasio asegura que yo sería un político estupendo. Le he escuchado atentamente sin mojarme en mi opinión. Y lo mejor: está convencido de que -aun sin llevar razón- muchos me harían caso.
Tras ese adiós sentido, me repito a mí mismo que él sería un epidemiólogo extraordinario. Expuso en modo conciso cada argumento, e incluso se implicó emocionalmente en defenderlos. Lo malo es que estoy convencido de que -aun estando en posesión de esa verdad- no todos le harían caso.

lunes, 5 de octubre de 2020

Trabajo de equipo en tiempos del Coronavirus

De entre los servicios extraordinarios a los que obliga cualquier Sección de Epidemiología durante esta pandemia, destaca el de introducir cada día los casos confirmados de COVID19. Así lo establece la normativa vigente. Ello permite analizar en tiempo real la información existente, de cara a tomar decisiones con mayor eficiencia. 
Ciertamente, resulta una labor de lo más monótona, que suele durar horas, que entre semana repartimos para todo el equipo, pero que en festivos como hoy realiza a solas aquel a quien le toca. Pues bien, ¡este fin de semana dicho cometido me ha correspondido a mí!
Sin embargo, no es este detalle el que quisiera compartir, sino otro más entrañable sobre el trabajo en equipo. Y es que el viernes por la tarde, al ponerme manos a la obra, descubrí con sorpresa que alguien había registrado en nuestra base de datos los primeros cincuenta positivos de ese día. ¿Quién puede haber sido? Fue entonces cuando a través de un email descubrí que lo hizo cierta compañera de Servicio quien -al vernos tan apurados con la faena de la mañana- decidió adelantarme tarea para que pudiese descansar. Sin pedírselo, sin esperar nada a cambio; sencillamente por ayudar.
Mil gracias, Marivi, por ese gesto, que pone al descubierto tu profesionalidad... Y, sobre todo, la suerte que tenemos de que estés en nuestro equipo.

domingo, 4 de octubre de 2020

Traspasos en tiempos del Coronavirus

Liquidación total por cierre
. Ayer lo leíamos en la tienda de ropa donde compramos tantos vestidos a nuestra Sirenita... Y hoy parecido en aquella papelería que surte la mochila del Principito. Se traspasa.
Sin duda, esa ola económica que conlleva esta pandemia amenaza con arrasar la mitad de los negocios existentes. Así lo afirman las distintas asociaciones de Comercio y así lo constatamos cada día, sea por la disminución de sus ventas -desde la boutique ya nos advertían de que estaban trabajando al 30% de cualquier temporada normal- o por la imposibilidad de cubrir tantos gastos -aquel tendero se preguntaba cuántos cuadernos debería vender para saldar sus mil euros mensuales de alquiler-.
En España el comercio representa el 13% de su economía, siendo el primer sector en términos de empleo, con un 17% de afiliados a la Seguridad Social. Ese torpedo que lanza el Coronavirus a su línea de flotación podría hundirnos a todos. Nos consta su capacidad para reinventarse -de hecho, la primera había apostado por las tallas grandes en un intento de alcanzar más clientela- y el consumo responsable que hacemos muchos ciudadanos adquiriendo productos en establecimientos locales... Sin embargo, no parece suficiente.
Entre sus reclamaciones ante las actuales circunstancias, esas asociaciones de Comercio solicitan con urgencia una línea de subvenciones para el sector y un nuevo marco legislativo para renegociar arrendamientos. Quizás ahora sea el momento de atenderlas pues, tristemente, seguimos en alto riesgo -altísimo en otros casos también cercanos- de que acabemos leyendo más carteles como esos.