domingo, 29 de noviembre de 2020

Luz verde a Lunas menguantes

Acabamos de leer las galeradas del libro Catorce lunas menguantes (MAR Editor) y hemos dado luz verde para que mañana lunes entre en imprenta. De cumplirse los plazos previstos, a partir de la semana siguiente pasará a distribución y poco después ocupará su lugar en cualquier librería que lo solicite. 
La verdad es que estamos contentos e ilusionados. Las ilustraciones de Raquel Ordóñez Lanza han quedado preciosas. Los cuentos guardan su orden y el mensaje en defensa de nuestra Madre Naturaleza parece también claro. Ciertamente he escrito lo que en estos momentos me apetecía escribir.
Será mi octavo libro a lo largo de tres lustros de andadura literaria. Y será también momento para meditar. Si sigo como hasta ahora, creando a mi ritmo, sin ningún cortapisas, con el único objetivo de disfrutar componiendo, presentándome a algún premio para poder publicar y en ocasiones incluso ganándolo... o doy un paso adelante, reorientando esa actividad literaria.
En cualquiera de los casos, ahora toca disfrutar de estas Catorce lunas menguantes o -como describe su subtítulo-, de tantos cuentos en modo Verde para salvar un planeta Azul.

Epidemiólogo en tiempos del Coronavirus

Admito que nunca antes la había hecho así pero que, evidentemente, las circunstancias mandan. Y es que este sábado por primera vez he participado en la presentación telemática de un libro. Concretamente Las crónicas del Coronavirus (Ediciones Irreverentes), en su edición literaria del mexicano Juan Patricio Lombera, en la que he colaborado con mi relato Epidemiólogo en tiempos del Coronavirus.
Ha resultado curioso constatar que en la magia de la red no existen distancias, de manera que unos autores amigos debatíamos simultáneamente desde Nueva York, Shanghái, Ciudad de México o León... Ha sido enriquecedor compartir distintas experiencias que hemos vivido durante esta pandemia... Y ha parecido entrañable coincidir, primero en una antología y luego en este encuentro virtual, con autores a los que admiro y había leído previamente como el francés Pascal Buniet (La muerte sabía a chocolate), la mexicana Susana Corcuera (A machetazos) o el mismísimo Juan Patricio (El péndulo familiar), entre otros.
Organizada por la plataforma 100%México y Amor del Bueno Producción Multimedia -con Ita Ruiz como moderadora-, esta presentación puede visualizarse a través de su página web o en su propio muro de Facebook. Y es que, parafraseando a mi abuela la refranera, nunca te acostarás sin hacer alguna cosa nueva más.

jueves, 26 de noviembre de 2020

Presentando "Las crónicas del Coronavirus"

A través de la herramienta Google Analytics podemos hacer un seguimiento del número de personas que se asoman a mi blog, habiendo constatado en tal ejercicio la siguiente curiosidad: cuando publico una entrada relacionada con mi condición de médico preventivista, recibo una media diaria superior a 2.500 visitas. Sin embargo, de editar alguna nota a propósito de la literatura, esa media se divide entre diez.  
Comprendo que es algo lógico en estos tiempos del Coronavirus... Y por ello, entiendo también que me sienta expectante ante el próximo recuento, dado que esta nueva entrada aúna al Manuel epidemiólogo con el Manuel más escritor. 
Y es que este sábado 28 de noviembre, a partir de las 16:00 horas -hora española-, participaré en la presentación telemática de una antología muy especial en la que -junto a otros 11 autores de seis países y tres continentes- he tenido el honor de colaborar. Se trata de Las Crónicas del Coronavirus (Ediciones Irreverentes), en edición literaria del escritor mexicano Juan Patricio Lombera. Sin duda, un libro sorprendente que aporta una visión caleidoscópica acerca de la pandemia más importante que hemos vivido en décadas como especie.
Con la ayuda de la plataforma 100%México, esa magia de las redes unirá a sus autores desde Nueva York al propio Wuhan, pasando por París, Itzacalco, Seúl,Tenerife... Y por supuesto, mi querido León. 
Será este próximo sábado y -con independencia de esas cuentas de Google Analytics- no os lo dejaremos de contar.

martes, 24 de noviembre de 2020

Préstamo de letras

A partir de mañana 25 de noviembre -a las 17:30 horas-, durante seis miércoles seguidos y un aguinaldo el martes 5 de enero, se va a celebrar en las Bibliotecas Municipales de León una actividad sencillamente entrañable. Se llama Préstamo de letras, y en ella una artista amiga como Isamil9 pondrá voz a los relatos y a las imágenes alusivas de distintos autores, entre los que tengo la gran suerte de encontrarme.
Aun cuando os mantendré debidamente informados de mi propuesta, prefiero por ahora no anticipar nada, salvo que contiene cierta dosis de magia. Y es que sé que en cada intervención Isamil9 se vacía para volverse a llenar, por necesidad y por eso del compartir, del cuidar, del transmitir, de no dejar de aprender y -en este tiempo de distancia obligada- de aprehendernos sin medida entre cuentos e historias.

lunes, 23 de noviembre de 2020

Nulla Vita sine Musica

Como no podía ser de otra manera en una casa con tantos músicos, ayer celebramos su patrona Santa Cecilia mediante un concierto de lo más particular. Mientras la Sirenita acertaba en sus primeras notas al piano, el Principito volvía a exhibirse al trombón, compartiendo unas cuantas melodías con toda la familia.
Entre medias, leímos cierto relato mío cuyo título coincide con una de nuestras máximas: Nulla Vita sine Musica, recientemente publicado en la antología La memoria del Jardín.
Y cerramos la jornada disfrutando de esa audición en las redes de nuestro amigo Héctor Sánchez, quien al piano nos deleitó con la pieza Montescos y Capuletos -perteneciente a la obra Romeo y Julieta- del genial Sergei Prokofiev.
Sin duda, otro día pasado por Música que -como apuntara alguno de mis personajes- será siempre el arte de hacer bailar al corazón.

viernes, 20 de noviembre de 2020

Silencio, por favor

Si como decía mi abuela, en boca cerrada no entran moscas, parece que en estos tiempos tampoco Coronavirus. Al menos así se desprende de distintos estudios científicos que vienen a demostrar que permanecer callado en ambientes concurridos constituye una buena vacuna contra la COVID19, al disminuir la cantidad de virus circulante y, con ello, el riesgo de infección.
De ahí que la mismísima Organización Mundial de la Salud incite a realizar actividades al aire libre o en habitáculos amplios y bien ventilados, promover ese silencio en espacios cerrados, utilizar sistemas de amplificación de voz para impartir clase en centros educativos, recomendar hablar por el móvil en exteriores o en las estancias más amplias y mejor aireadas, mantener abiertas las ventanillas de los coches... Y por supuesto, no gritar.
El silencio mejora sensiblemente nuestra circulación cerebral, estimula la creatividad e invita a la reflexión -al restaurar conexiones cognitivas-, favorece el sueño fisiológico, limita los niveles de estrés -disminuyendo la secreción de adrenalina y cortisol-, alivia la sensación de fatiga, acota la probabilidad de enfermedades cardiovasculares... Ahora sabemos también que reduce nuestro riesgo de contagio.
Por eso, no me ha extrañado que en el taxi que tomé esta mañana su conductor apenas nos hablase durante todo el trayecto. O que por la tarde, en esa peluquería donde me atienden, el único sonido que escuchara fuese su hilo musical. Quizá sin darnos cuenta, estábamos haciendo prevención. 
De manera que, aun siendo seres vivos de costumbres a quienes gusta comunicar y sin pretender acallar a nadie, durante cierto tiempo aplicaremos el lema Silencio, por favor. Al menos en eso de no gritar. Y es que además, en tantísimas ocasiones, ¡para lo que hay que decir!

martes, 17 de noviembre de 2020

Mi universo en orden alfabético

A la hora en la que más compartimos, justo cuando asoma esa Luna que tanto me inspira, el Principito nos ha mostrado su nuevo diccionario de francés. Tras unos minutos ojeándolo sin hallar referencia a su autoría, ha preguntado: Papá ¿quién lo escribió? Después de explicarle que una obra así no tiene autores concretos, su curiosidad ha persistido: ¡Pero tú una vez inventaste uno! Y en efecto, tenía razón. De manera que juntos, dejamos el volumen de los galos para releer aquel primer diccionario incluido en uno de mis libros -concretamente en Mi planeta de chocolate, publicado por Ediciones Irreverentes-. Otro universo de palabras que aún no comprende del todo, pensadas antes de que naciera y redefinidas cada noche en la cabecera de su cama.

Adolescencia: Festival de hormonas que incita a probarlo todo. 
Amistad: Sentimiento que no es llama, sino luz; declarado en peligro de extinción. 
Amor: Sentimiento que en cualquiera de sus formas está más dentro de ti que tus entrañas. Por eso, jamás podrá extinguirse. 
Avaricia: Casi todo es casi nada. 
Beso: Unidad mínima de amor. 
Camino: Gerundio de tantos verbos, incluido caminar. 
Consejo: Cuando debas elegir entre dos opciones, toma siempre la que tenga chocolate. 
Envidia: Pecado que si es de otro realza nuestro éxito. 
Error: Acción que penalizamos en vez de analizar. 
Escribir: Pintar de imaginación un folio en blanco. 
Idea: Sustento de cualquier cambio. Tenerlas puede ser malo; no tenerlas, peor. 
Inocencia: Virtud que nos faculta para jugar. 
Juventud: Espíritu rebelde, alma enamorada, corazón valiente. 
Magia: Hacer posible lo imposible. 
Mentira: Excusa del cobarde. 
Morriña: Añoranza de quien no extraña tanto su tierra como su infancia. 
Música: Arte de hacer bailar al corazón. 
Perdón: Palabra que más se dicen dos personas que se aman. La segunda es te quiero. 
Poesía: Sueño plasmado en papel. 
Rencor: Amor mal administrado. 
Risa: Unidad mínima de humor. 
Soledad: Carencia voluntaria o involuntaria de amistad. 
Vida: Cigarrillo que consumes con placer, aun a sabiendas de que acaba matando. 
Yo: Voz que contigo se convierte en nosotros.