lunes, 19 de noviembre de 2018

"Diminutivo", de Títeres sin cabeza

Últimamente me estoy haciendo un experto en espectáculos infantiles. A fin de cuentas, gran parte de mi agenda me la marcan mis hijos... y a ellos no se les escapa ninguno.
Desde esa perspectiva de adulto, considero que los hay de todo tipo. Confieso que alguno me parece demasiado simple, pero que otros muchos me resultan superlogrados. Entre estos últimos, citaría al que asistimos este sábado pasado en el Teatro San Francisco, de León. En concreto el titulado Diminutivo, interpretado por la compañía zaragozana Títeres sin cabeza, y dirigido básicamente a niños de entre dos y cinco años.
Todo ocurre en un pueblo muy pequeño, ante una puesta en escena de lo más original. De hecho, los espectadores estamos ahí mismo, subidos sobre el escenario.
Su historia, sus diálogos -incluida la actriz que los reproduce utilizando el lenguaje de signos-, su simpatía... consiguieron que a mi hija Amalia le gustara así de mucho y que yo la recomiende expresamente para esos pequeños a quienes va dirigida.

lunes, 12 de noviembre de 2018

La faena del leñador

Hace muchos, muchísimos años, en mitad de un frondoso bosque, vivía un leñador con su mujer. Cuentan que era tan trabajador que apenas guardaba descanso, de manera que salvo a cortar arbustos, comer deprisa y dormir poco, no dedicaba tiempo a ninguna otra actividad.
Su mujer se sentía muy sola entre tanta madera y tan poca compañía, por lo que intentó hablar con su marido en numerosas ocasiones para que cambiara de actitud; pero este no le escuchaba, alegando una y mil veces que tenía que trabajar.
Cierta noche de soledad, la mujer pidió en sus oraciones que ocurriese algo para que aquella situación cambiase. Y algo sucedió… De manera que a la mañana siguiente, aun siendo domingo, el hombre salió de casa con el hacha al hombro, dispuesto a cortar los árboles de una vereda. Mientras caminaba hacia la misma, se le apareció un señor:
- ¡A los buenos días! –le saludó en tono respetuoso, haciéndole un gesto con la mano para que parase.
- ¡A los buenos días! –respondió el leñador-. No puedo entretenerme mucho que aún queda faena por hacer.
- ¿Quizá necesite algún tipo de ayuda?
- Ninguna –declaró contundente-. No quiero que haga por mí lo que pueda hacer yo.
- ¿Y cómo es que trabaja siendo festivo? ¿Acaso no sabe que hasta el propio Dios descansó ese día después de crear el mundo? ¿Nadie le habló de ese mandamiento de santificar las fiestas?
- ¡A mí déjeme en paz, que lo mismo me da que sea una fecha que otra! –respondió malhumorado-. ¿Acaso en el cielo hay calendarios con números rojos? En lunes o en domingo, lo único que quiero es trabajar.
Con frecuencia, en cabezas como un melón solo caben cerebros como una nuez.
Y realizando un ademán con el mango de su hacha, intentó apartar a aquel hombre para poder continuar con su camino.
Cuentan que en verdad aquel señor que se le había aparecido no era otro que el mismísimo Dios quien, al verlo tan agresivo y tan enfrascado en sus pretensiones, decidió darle un escarmiento:
- Puesto que es eso lo que realmente quieres, y que para ti no hay nada más importante, nunca dejarás de trabajar –sentenció-. Llevarás eternamente un haz de leña sobre tus hombros… Y vivirás siempre en la luna, para que sirvas de escarmiento a quienes anteponen su trabajo a su vida, hasta el punto de no guardar descanso ni siquiera cuando deberían descansar.
Por eso desde entonces, cuando observamos la Luna, se aprecia claramente entre sus manchas a aquel obstinado leñador portando unos troncos sobre su espalda, mientras repite a quien le saluda:
- ¡A las buenas noches! No puedo entretenerme mucho que aún queda faena por hacer.
Definitivamente, lo que dicen de ti no es verdad… pero se parece a la verdad.
Así que levanten el culo de sus asientos que esta historia terminó. Ahora un vaso de leche con galletas… ¡y a hacer bien la digestión!

Nota: Leyenda leonesa versionada -con ilustración del genial Lolo- incluida en mi libro Catorce lunas llenas.

viernes, 9 de noviembre de 2018

En el "III Curso de Innovación y Avances en Vacunas"

Dado que la formación continuada resulta fundamental para el ejercicio de cualquier profesión, ayer asistí en Valladolid al III Curso de Innovación y Avances en Vacunas, organizado por el Instituto de Estudios de Ciencias de la Salud de Castilla y León. En él se actualizaron distintos aspectos relacionados con las vacunas, compartiendo de paso conversación con otros sanitarios de mi Comunidad y asistiendo a las ponencias de autores de primer nivel como Julio Vázquez (Instituto de Salud Carlos III), Elisa Garrote (Hospital Universitario de Basurto)... o Ignacio Rosell (Consejería de Sanidad, Junta Castilla y León), quien impartió una charla sobre las estrategias de intervención ante dudas parentales en vacunación infantil, que sencillamente me apasionó. En ella se insistió en la importancia de la persuasión y en las evidencias existentes en contra de tantos miedos a la hora de vacunarse. Tomé buena nota.
Ahora toca asimilar lo recibido y seguir trabajando cada día por una Salud Pública mejor.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

De impuestos, hipotecas y colores

En uno de mis cuentos titulado El príncipe sin color, de esos que comparto con los niños en cada sesión de cuentacuentos, habita un gobernante obsesionado con acaparar en palacio las distintas tonalidades del arcoíris. A lo largo de la trama y a fin de alcanzar tal objetivo, se deja asesorar por distintos personajes. Uno de ellos es un prestamista, quien le recomienda aumentar los impuestos de sus ciudadanos a fin de poderse comprar más colores. No importa si no parece justo, no importa si el arcoíris es patrimonio de todos; ni siquiera si dejará sus calles plagadas de grises... Al final, lo único que les mueve es que cada uno podrá tener más de lo que tiene.
Leyendo y releyendo las noticias de ayer relacionadas con el cambio de criterio del Tribunal Supremo y su decisión de que el Impuesto de Actos Jurídicos Documentados vinculado a las hipotecas lo acabe pagando el cliente, me viene a la mente esa historia. No importa que se desdiga de una sentencia previa emitida hace menos de un mes por su Sección especializada en tributos, no importa que la misma se revisara de manera urgente minando su propia credibilidad, no importa que la Banca sea la principal interesada en mantener dicho impuesto, no importa que parezca tan radicalmente injusta...
De entre esos titulares que leía, hubo uno que resume esta sensación generalizada: "El Alto Tribunal cae muy bajo". A pesar de la grisura generada, aquel prestamista de mi cuento ha despertado contento. A fin de cuentas -¡que no de cuentos!- hoy subirá la Bolsa. Lo que aún no sabe es que ni esta historia ha terminado ni permitiremos que nadie nos deje sin arcoíris.       

martes, 6 de noviembre de 2018

En el VIII Concurso de Relato Breve "Dr. Zarco"

Se acaba de fallar. Tras el acto de entrega del VIII Concurso de Relato Breve "Dr. Zarco", celebrado en el Aula Profesor Durán Sacristán del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, no he podido superar la condición de finalista entre las 139 obras presentadas procedentes de quince países, a pesar de que la mía resultó seleccionada para el desenlace de esta mañana.
En cualquier caso, me siento feliz por intentarlo. Y desde ese sentimiento, quisiera dar las gracias a cuantas personas me han ayudado en ello: a mi colega Félix Maimir, a nuestra enfermera amiga Ruth Orejas, a esa queridísima Sagrario de la Encina que hoy asistía a dicho acto en mi nombre... Y por supuesto a todos los sanitarios, hombres y mujeres que con su trabajo tratan de mejorar la vida de los demás, a quienes va dedicado este relato.

viernes, 2 de noviembre de 2018

Rafael Gómez-Lus, DEP mi querido Profesor

Leo con tristeza que D. Rafael Gómez-Lus, investigador y microbiólogo que fuera catedrático de Microbiología, Parasitología y Medicina Preventiva en la Facultad de Medicina de Zaragoza, falleció anteayer a los 87 años de edad. Sin duda, uno de los mejores profesores que he tenido en mi vida.
Durante la carrera, él nos impartió las clases de Microbiología y me eligió para ser uno de los monitores de sus prácticas. Después y desde mi condición de preventivista, coincidimos en las mil dudas que pude preguntarle y a las que siempre respondería con una amabilidad pasmosa. Incluso tuve la suerte de compartir una investigación científica con su equipo a propósito del sistema HLA y determinado tipo de epilepsia.
En uno de aquellos encuentros, a pie de su microscopio, intercambiamos alguno de nuestros libros. D. Rafael me entregó dedicado su De los cazadores de microbios a los descubridores de antibióticos. A su vez, yo le correspondí con Mi planeta de chocolate.
Premio Aragón a la Investigación Científico-Técnica, Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo, Presidente de la Real Academia de Medicina de Zaragoza, amante de ese Pirineo del que tanto nos hablara... Y ante todo, una persona extraordinariamente sencilla, sencillamente extraordinaria.
Desde el más sentido de mis agradecimientos, descanse en paz, mi querido Profesor.

lunes, 29 de octubre de 2018

Los dos gestores

Ocurrió hace años, en el primer ambulatorio donde ejercí. Ubicado en ese barrio periférico, era un lugar tranquilo, sin mayores problemas, donde todos nos conocíamos y las relaciones personales sencillamente fluían.
Cierta mañana llegaron dos gestores que nadie había pedido: uno que haría las veces de gerente y otro de secretario. No eran sanitarios, ni técnicos, ni siquiera de esta barriada. Eran cargos administrativos que no tardaron en tomar decisiones para hacerse notar.
Cierta tarde aquel gerente nos informó que había que solucionar con urgencia "el atolladero del horario de los sábados", pues no le parecía lógico que si entre semana la consulta empezaba a las ocho ese día comenzara a las nueve. Desde el respeto a su iniciativa, le argumentamos que no había problema alguno, que dicho horario llevaba vigente mucho tiempo y que nunca nadie protestó.
- El sábado es laboral a todos los efectos -insistió con relativa prepotencia-. Por ello, considero que la consulta debe empezar a la misma hora que de lunes a viernes.
El secretario asentía con tal convencimiento que corría el riesgo de hacerse un esguince cervical.
Y así se estableció... De manera que se cambió el horario de siempre y, causalmente -que no casualmente-, los problemas empezaron a surgir: que si es demasiado pronto, que si no cuadramos turnos...
En otra de sus ocurrencias, aquel directivo comentó que "no le parecía justo que si un sanitario podía dormir algo durante su guardia, esta le contase como completa"...
- ¡A fin de cuentas, ha estado durmiendo un rato! -alegó.
Su secretario se deshacía en elogios ante tanta iniciativa, por ilógica que como esta pareciese. E incluso se permitía responder groseramente desde su mal entendida autoridad, como cuando yo le advertí de que "alguna de esas ideas parecía infumable":
- Pues iros preparando, porque os vais a tragar el humo -me contestó.
El caso es que con cada una de esas decisiones, los enfrentamientos y el mal ambiente seguían aumentando entre nosotros.
De aquella vivencia aprendí que algunas personas ocupan puestos de responsabilidad para los que no están ni remotamente preparados, tomando decisiones sin medir sus consecuencias. Pero también comprendí que cuando las cosas funcionan bien no hace falta arreglarlas; porque como sabiamente recita nuestro refranero, a menudo lo mejor acaba siendo enemigo de lo bueno.
Por cierto, tras varios incidentes más, ambos gestores acabaron marchando del ambulatorio. El gerente porque aceptó ocupar un puesto aún más alto dentro de la Administración. El secretario, porque tras irse el primero quedó sin referencias, sin ídolo al que adorar... Y resulta muy difícil subsistir a solas allá donde vendiste tus principios.