martes, 1 de septiembre de 2015

Entrevista en Lecturafilia

Alguien dijo que nadie necesita más unas vacaciones que aquellos que, precisamente, regresan de vacaciones... Probablemente tuviera razón. 
Compartir que las mías han sido dos semanas de descanso en un pequeño pueblo leonés, donde espero haber recargado pilas para este próximo curso. Y compartir también que en ellas he recibido con alegría la publicación de una entrevista que me hicieron para el portal literario Lecturafilia, la cual reproduzco y cuyo enlace adjunto por si pudiera interesaros: http://lecturafilia.com/2015/08/15/entrevista-manuel-cortes-blanco-si-no-fuese-escritor-me-habria-gustado-ser-mago/

Pregunta (P): Sorprende que un médico sea a la vez mago de las palabras, ¿cómo combinas estas dos profesiones de tu vida? ¿La una te llama más que la otra?
Respuesta (R): Me gusta definirme como “medico” de vocación y “escritor” de afición, si bien últimamente ambos conceptos se confunden demasiado. Ciertamente, la Medicina es una ciencia muy humana –probablemente la que más-, y eso hace que esté muy cerca de la Literatura. Gracias a mi especialidad (Medicina Preventiva y Salud Pública) he tenido la suerte de poder ejercitar mi labor en cuatro de los cinco continentes, a veces incluso en situaciones extremas. Esas vivencias que he ido recogiendo puntualmente en una libreta, me han enriquecido como persona hasta llevarme a declarar una máxima de vida que entremezcla a partes iguales ambas disciplinas: “Escribir lo vivido (como médico) para compartirlo (como escritor)”.
(P): En tus libros Mi planeta de chocolate, Cartas para un país sin magia y Siete paraguas al sol subyace una idea clara de que la esperanza es el motor que debe guiar el mundo. ¿Cómo tener esperanza  con la crisis que atravesamos?
(R): Ciertamente y a pesar de lo que nos digan, siguen sonando tambores de crisis. Sé que corren malos tiempos para muchos, y más si cabe en un sector tan sensible como el literario. Pero sé también que sin creer en nosotros no tendríamos salida. No pretendo banalizar, ni dar falsas ilusiones, ni desviar la atención de los problemas. ¡Todo lo contrario! Como me han enseñado muchos de mis cuentos, sin Esperanza, sin fe en nosotros mismos, no hay nada. Más allá solo queda el fin del mundo.
(P): Los derechos de autor de tus libros son destinados a Aldeas Infantiles SOS, un símbolo de ayuda desinteresada y de que la literatura aún puede ayudar más. ¿Tienes datos y constancia de a cuántas personas has ayudado con este gesto?
(R): Desde la experiencia de que los niños son siempre uno de los colectivos más vulnerables y desde el conocimiento de la labor que realiza a favor de ellos “Aldeas Infantiles SOS”, no tuve ninguna duda en esa aportación. También colaboro activamente con otras ONG y he participado en distintas antologías solidarias. Tristemente y salvo raras excepciones, escribiendo hoy en día no se gana mucho y el dinero recaudado tampoco ha sido tanto. Eso sí: tengo la certeza de que se ha empleado bien.
(P): ¿Eres de un pensamiento tan mágico como se deduce de tus historias? ¿Cómo definirías tu personalidad?
(R): Creo que sí. Si no fuera escritor, me habría gustado ser mago (curiosa y casualmente, en este detalle coincido con el genial García Márquez). Soy tremendamente imaginativo, y creo que eso se transmite en mis historias… También procuro ser positivo antes que optimista, desde la certeza de que la suerte no está en lo que nos pasa, sino en cómo lo vivimos. Por lo demás, me considero una persona de lo más normal, familiar, afable, risueña (siendo médico, prescribo cada día mil sonrisas por sus múltiples beneficios)… Y como dice un amigo que me conoce desde niño, quizá “demasiado alemán” con mi trabajo y “demasiado griego” en mi afición por el fútbol.
(P): Tus libros están plagados de frases hechas, de aforismos. ¿No tienes miedo de caer en el ‘adoctrinamiento’?
(R): No lo pretendo en absoluto, aunque haya sido una de las críticas mayores que se le ha hecho a lo que escribo. Se trata básicamente de un recurso para invitar a los lectores a la reflexión, pero sin imposiciones… Que sean ellos desde sus vivencias quienes obtengan sus propias conclusiones.
(P): Está claro que tus libros cuentan buenas historias, y transmiten positivismo, pero ¿qué buscas tú en la literatura?
(R): Sinceramente, escribo porque lo paso bien escribiendo. La Literatura me ha dado momentos gratísimos: amigos, experiencias, posibilidad de conocer distintos espacios y personas… De hecho, el día que me aburra lo dejaré. No obstante, mi objetivo añadido es compartir, plasmar en un folio lo que siento (sea a través mío o de cualquiera de mis personajes) mediante una historia, abrirme a quien me lea con generosidad… Y es que, como diría Benito Expósito Expósito (el pequeño protagonista de “Mi planeta de chocolate”), a quien es generoso con la vida, la vida acaba siendo generosa con él.
(P): ¿Cuáles son tus referentes literarios?
(R): He tenido muchos porque he leído mucho (confieso que ahora, con dos hijos pequeños, menos que antes). Admito que me encandila la obra de Gabriel García Márquez, pero no es la única. No obstante, ante esta pregunta me permito la licencia de incluir a la persona que más cuentos me contó en mi vida y que, sin duda, más me condicionó a la hora de redactar: mi abuelo Ildefonso. Él fue un escritor humilde pero lleno de magia; tristemente, la mayor parte de su obra acabó marchándose con él.
(P): Y ahora viene una pregunta compleja, pero si tuvieses que escoger un libro de los que llevas escrito, ¿cuál sería y por qué?
(R): Aun cuando me quedo con todos, si tuviera que elegir solo uno tomaría “El amor azul marino”, mi ópera prima. Primero, porque es mi libro más personal (no en vano, en él hablo de mí, de mi familia, de nuestras relaciones); después, porque permitió que rompiera los miedos a hacer público lo que sentía. Sé que sin ese primer paso no habrían venido los demás.
(P): ¿Quién fue tu primer lector o lectora y que te aportó en tu carrera?
(R): Antes incluso de introducirme en este universo literario, mi lectora principal y primera fue mi madre. Desde su sencillez, siempre decía que yo escribía muy bien. Me aporto seguridad y confianza para hacerlo; pero sobre todo, me aporto el amor necesario para hacerlo con corazón.
(P): ¿Estás inmerso en algún proyecto literario que nos puedas comentar?
(R): Siendo fiel a esa máxima de vida “escribir para compartir”, estoy metido de lleno en un libro de cuentos que dedicaré a mi hija Amalia. Será una obra ilustrada en la que vuelvo a trabajar desde el relato esos valores positivos en los que tanto creo. Puedo adelantar su título en exclusiva: “La vuelta al mundo en catorce lunas”. Eso sí: lo siguiente que escriba será otra novela.
(P): A los lectores nos encanta conocer lo que leen otros, y por eso termino preguntándote justamente eso. ¿Qué lees actualmente?
(R): De entre los autores, me gusta leer a los que empiezan. De entre los géneros, me quedo con el cuento. Sin embargo, el libro que me ocupa en estos días es de un autor que –aunque joven- ya considero consagrado por sus premios y su trayectoria: “Cien años de perdón”, de Claudio Cerdán. Lo conocí por casualidad compartiendo stand en la Feria del Libro de Madrid del año pasado. En mi opinión, el futuro de la novela negra en España pasa irremediablemente por él.

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