martes, 24 de enero de 2017

Sobre la amistad

Existen personas que tienen hábito de mal estudiante: responden con un tema distinto al que se le pregunta. Las hay con hábito de mal frutero: ofrecen el género bueno por delante, pero te acaban vendiendo el que esconden por detrás. Otras con hábito de mal taxista: se pierden en rodeos sin sentido. Algunas tienen hábitos de jefe suspicaz: te esfuerces lo que te esfuerces, siempre podrías haber hecho más… Y por supuesto existen los amigos, con el hábito único de estar a tu lado cada vez que los precisas.
Este afecto personal ha sido reconocido como un valor inherente al Hombre, a su condición de ser social… sin depender de tiempos ni espacios, sin que importe quién llamó primero. No en vano, los filósofos griegos lo consideraban un regalo divino. Uno de sus signos identificativos no reside tanto en la capacidad de compartir alegrías con el otro, como en no sentir envidia ante ellas. También, en el hecho de decirle libremente cuanto piensas, a sabiendas de que nunca se enfadará. Porque con los años, irás perdiendo cosas… pero nunca perderemos a quien nos aprecia de verdad.

P.D.: Párrafo perteneciente al relato titulado Un conejo en la Luna, incluido en mi libro Catorce lunas llenas.