viernes, 13 de enero de 2017

Por amor al cuento

Los cuentos forman parte de mi vida. Nací con ellos, fui niño por ellos, soy la persona que soy gracias a ellos. Sean propios o prestados, siempre han estado conmigo, en lo mejor y en lo menos bueno. Despedí a mis padres leyéndoles un relato, conocí a mi mujer por haber escrito otro, dormimos cada noche a nuestro hijo con la historia más bonita que resuma ese día… Procuré que mis personajes no perdieran nunca los papeles, la cabeza ni el sentido del humor; que nadie les arrebatase el derecho a su intimidad; e incluso admito abiertamente que alguno era de relleno… ¡pero ellos lo sabían! Ideé aquel sastre que pertenecía a un coro, para quien todo en la vida era coser y cantar… Ese camionero que siempre pasaba frío; lo suyo fue carretera y manta… Un impresor de libros, tan absorto en su trabajo, que llegó a sudar tinta… Lunáticos de sol a sol, inocentes demasiado cerca de la escena del crimen, estrechos que camparon a sus anchas, corazones solitarios haciéndose compañía, respuestas en caliente que te dejan helado, abstemios embriagados de añoranzas… Aquella psiquiatra gafe, siempre con prisas por llegar tarde, que habita en el número trece de la calle de la Nostalgia… E incluso ese paciente suyo, tan enganchado al juego, que su gato se llama Bingo, su perro Cuponazo y su mujer Primitiva. Será que todo el mundo tiene alguna adicción; solo es cuestión de saberla encontrar.
He sido cuentacuentos en todas las esquinas que he doblado: en la planta de Pediatría de un hospital, en tantas residencias para personas mayores, con los internos de un módulo penitenciario, en los barracones de aquel campo de refugiados, ante cien chiquillos en esa guardería, frente a mil alumnos de bachillerato, junto a mis colegas universitarios en las bodas de plata de la promoción, a solas conmigo mismo… En cada una de esas vivencias, como gotas de lluvia que te calan, he acabado empapado por su sabiduría. Porque en los cuentos, como en la vida, unas veces se gana y otras –las más- se aprende.

Nota: Párrafo incluido en mi libro Catorce lunas llenas.