viernes, 22 de enero de 2016

Siete años de chocolate

Tal y como me han recordado algunos amigos, ayer se cumplieron siete años de mi presentación de la novela Mi planeta de chocolate en el Foro FNAC-Zaragoza. Realmente fue la segunda de esta obra, pues ya hicimos una previa el 12 de diciembre de 2008 en el Auditorio Ángel Barja de León, precisamente el mismo día en que fallecía una de sus protagonistas reales: doña Amalia Solórzano, viuda del estadista Lázaro Cárdenas, presidente de México durante los años en que se desarrolla su trama.
Recuerdo ambas presentaciones con mucho cariño: dos actos entrañables, la asistencia de un montón de amigos, la firma de decenas de ejemplares... Y esas onzas de bombones que distribuimos en cada una de sus entradas.
Por ello, sean estas líneas de mi libro para desearos un feliz fin de semana, haciendo más nuestra que nunca la máxima de Benito Expósito Expósito, su pequeño protagonista: "Cuando debas elegir entre dos opciones, toma siempre la que tenga chocolate".

"Una tarde maese Quirino, tras detallar la secuencia de la Creación, convida a sus alumnos a un ejercicio imaginativo:
- ¿Por qué el Señor pensó antes en los planetas que en los animales?, ¿cómo habríais creado vosotros?
El profesor a sus clases tiene que ir a aprender.
- Yo haría las cosas siguiendo los números –apunta Nicesio, llamado así en memoria de un antiguo confesor-. El primer día, aquello que fuese único: la galleta del desayuno, la nariz, un corazón... El segundo, lo que suene a pares: mis orejas, las lentes de sus gafas... El tercero, de tres en tres: triángulos, tridentes, la vez a la que va la vencida... Y así, sucesivamente, hasta llegar al séptimo: los colores del arcoíris, las vidas que tiene un gato, las notas musicales.
¡Muy ingenioso!, aun cuando por tal regla sobrarían dedos de la mano y los años terminarían en agosto. No obstante, aquella respuesta convence al maestro; con razón Nicesio es su alumno aventajado. ¿Por qué toda la cultura te la has llevado tú?
Toca el turno de Simón, afortunado de que sus padres dejasen una carta en el cestillo, sin dar opción a que los monjes escogieran su nombre.
- Yo de abajo a arriba. El lunes: cuevas, madrigueras, alcantarillas. El martes, lo del suelo. En miércoles lo que esté por encima. Y así, ordenadamente, hasta llegar el domingo a lo más alto.
Sin ser tan meritorio, tampoco ha decepcionado. Cuando las cosas están casi bien, hay que darlas por buenas.
Mientras, desde la última fila, Benito alza su mano. ¡Qué habrá pensado en esta ocasión!
A quien insiste en decirlo nunca se le pregunta. Sin embargo, el viejo docente tiene curiosidad por conocer su razonamiento.
Adicto a  copiar de los compañeros, el niño defiende este gesto como una muestra de confianza hacia su inteligencia. En la vida lo importante no es saber, sino estar junto al que sabe. Ahí reposa el secreto de la sabiduría. No obstante, en esta ocasión su respuesta sale de dentro.
- Yo habría estado durmiendo los siete días.
- ¿Durmiendo? replica el monje-. ¿No te da vergüenza? En esas circunstancias el mundo no existiría.
- ¿Acaso el refrán de hoy no dice es mejor no hacer algo que hacerlo mal? Pues si Dios siendo perfecto lo hizo así, ¿cómo me habría quedado a mí?
En los tiempos actuales sería evidente que detrás de esa respuesta late un problema de autoestima. Por entonces, la cosa resulta más sencilla: el problema, si existe, es solo de educación".

1 comentario:

Manuel Cortés Blanco dijo...

Holas de nuevo:
Adjunto estos enlaces por si os apetece saber un poquito más sobre "Mi planeta de chocolate":
https://www.pasito.com/EfeNews.aspx?newid=768560
https://aventarte.wordpress.com/2011/04/13/mi-planeta-de-chocolate/
http://cuentatelavida.blogspot.com.es/2011/07/mi-planeta-de-chocolate-de-manuel.html
Nos seguiremos contando.