miércoles, 28 de diciembre de 2016

A propósito del Keiró no Hi

En el blog del Proyecto Solidario Los Argonautas, del que soy técnico asesor, acaban de publicar un párrafo del relato titulado El hilo rojo, incluido en mi libro Catorce lunas llenas. Junto a su enlace, lo comparto gustoso.
https://losargonautas.org/2016/12/a-proposito-del-keiro-no-hi/

Aseguran que hay en mi planeta Tierra…
Un estado tan envejecido que el número de defunciones supera de largo al de nacimientos, que tiene más habitantes jubilados que menores de edad, que dispone de numerosos clubs de centenarios, que las listas de espera de los geriátricos multiplica a la de sus guarderías... Una nación donde lo normal es cumplir muchos años, que las velas no quepan en la tarta, que los peines peinen canas... Un lugar que presume de algo que con frecuencia echo de menos en el mío: RESPETO hacia sus MAYORES.
Japón –etimológicamente significa origen del Sol- podría ser actualmente ese país, al contar con la esperanza de vida más alta en el mundo. Allí, una de cada cuatro personas supera los 65 años, gracias sobre todo a la mejora de sus condiciones higiénico-sanitarias, a su dieta equilibrada y a la moderación, resumida en ese aforismo del que han hecho máxima: hara hachi bu, esto es, come hasta que estés lleno al ochenta por ciento… Nada más.
En principio podría parecer que una sociedad así tendría muchos problemas para subsistir: existe un riesgo de quiebra de la pirámide demográfica al estrecharse sus estratos basales, aumentan las enfermedades degenerativas relacionadas con la edad, crecen los índices de dependencia, se dispara en paralelo el gasto sociosanitario… Sin embargo, en Japón han sabido ver también sus beneficios al valorar a las personas mayores como un tesoro, un pozo de sabiduría, un caudal de experiencias que bajo ningún concepto deben desaprovechar. Tan importante ser consciente de tu debilidad como de lo fuerte que puedas llegar a ser. Porque cierto es que con el retiro ponemos punto final a un aspecto básico de nuestras vidas como es el trabajo… pero, ¡la de cosas que empiezan después de ese final!
Cada verano, los ciudadanos nipones celebran el Keiró no Hi, o Día de Respeto a los Ancianos. A lo largo de esa jornada festiva en la que incluso cierra la bolsa, los más jóvenes se comprometen en su atención, visitándoles de manera expresa, cocinando para ellos, regalándoles algún omamori –esa especie de amuleto hecho de tela que ayuda a preservar la salud- u organizando diferentes festejos en su honor. A cambio, los mayores comparten con los chiquillos sus experiencias, convirtiéndose por unas horas en ese hermano mayor al que cualquiera se quisiera parecer. La simbiosis resulta enriquecedora; no en vano, ¡lo cierto es que los nietos también van para abuelos! Así, todos juntos leen haikus, lucen sus kimonos, reviven la ceremonia del té, e incluso revisan sus álbumes de fotos, descubriendo al contemplarlos lo que fueron. Entre medias, reparten el sabio consejo de que nadie se agobie por el mañana porque el mañana traerá sus propios agobios… Y finalmente cuelgan en las ramas de bambú pequeños papelitos rellenos de deseos, a fin de bordar la vida antes de que se descosa.
Para el pasado, respeto… Para el presente, sosiego... Para el futuro, esperanza. No podría ser de otra manera. Y además con humildad, que es la barra de medir de su cultura.