
Dependientes básicamente de rentas públicas y donaciones para la beneficencia, las Casas de Expósito pretendían cubrir las necesidades fundamentales de aquellos niños proporcionándoles un hogar, una educación y en lo posible unas aptitudes profesionales que les permitieran en el futuro valerse por sí mismos. De una plantilla vinculada con frecuencia a alguna orden religiosa, destacan su administrador, los celadores, las llamadas amas de leche encargadas de amamantar a los lactantes, las amas de cría responsables de su crianza, el médico a quien por ley se le exige "reconocer, vacunar… y hasta colocar en aislamiento a los que padezcan coqueluche, garrotillo, sarampión o sífilis", los maestros de oficio pendientes de la formación de los chavales… Y es que éste, precisamente, era otro de sus objetivos añadidos: la capacitación laboral. Así, a modo de ejemplo, cuando el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo funda en el año 1779 la Casa de los Niños Expósito de la ciudad de Buenos Aires decreta que se instale en ella una imprenta "con el doble propósito de obtener recursos para el sostenimiento de la misma y enseñarle un oficio a los niños varones".
Nota: Texto perteneciente a mi artículo Del estigma al mito: los niños expósito, publicado en la web de Ediciones Irreverentes con motivo del Congreso Hispanoamericano de Escritores.
1 comentario:
Buenos días, me permito haceros dos apuntes más:
1. El artículo se encuentra al final del enlace que os he dado.
2. Este tema será objeto de una entrevista que compartiré con todos en el próximo programa literario "Sexto Continente" de Radio Exterior de España.
Mil sonrisas y nos seguimos leyendo.
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