
En la antigua Persia, cualquier discípulo que fuera a entrar en casa de su maestro debía dejar en la puerta -como señal de respeto- sus zapatos y el paraguas. En la Europa medieval, el Papa se cobijaba a la sombra utilizando el umbraculum, un gran parasol que aún forma parte del escudo de armas del Vaticano durante la sede vacante -periodo entre dos papas-. En la Francia de hace unos siglos, las sombrillas evitaban que el sol pusiera morena a la nobleza, distinguiéndola así de las clases trabajadoras. Y en esa Inglaterra decimonónica, estos utensilios eran de uso exclusivo entre las mujeres. Según algunos manuales de época, los hombres no lo necesitaban pues para eso se movían en carruajes. Cuenta la historia que el primero de entre ellos que salió a la calle portando uno, sufrió mil improperios: los niños le arrojaron huevos podridos, y esos otros niños con dinero a los que llaman adultos, agua sucia. La envidia y la ignorancia suelen comportarse así…
5 comentarios:
Ya estoy deseando leerlo.
Besos.
Ana
Yo tambien Manuel, ¿cuando podemos comprarlo?Besos.
Mil gracias Ana y Cristina por vuestros comentarios.
El libro está ahora en proceso de impresión y, si todo va según lo previsto, estará disponible a finales de mes. La primera presentación está programada para el próximo 12 de abril. Prometo manteneros informadas.
Cien sonrisas y siete paraguas.
Ya nos avisarás cuando esté en el mercado, tengo ganas de leerlo, pinta muy bien.
Tres abrazos.
Hola Mercedes:
Aunque te llamaré antes para comentarte, te adelanto que el libro estará disponible en abril. ¡Qué nervios! Por lo demás, todo bien, habiéndome ya embarcado en esa otra aventura que suponen los cuentos infantiles.
Mil sonrisas, otros tres abrazos.
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