sábado, 19 de junio de 2010

Un cuento de Saramago

Un hombre llamó a la puerta del rey y le dijo, Dame un barco. La casa del rey tenía muchas más puertas, pero aquélla era la de las peticiones. Como el rey se pasaba todo el tiempo sentado ante la puerta de los obsequios (entiéndase, los obsequios que le entregaban a él), cada vez que oía que alguien llamaba a la puerta de las peticiones se hacía el desentendido, y sólo cuando el continuo repiquetear de la aldaba de bronce subía a un tono, más que notorio, escandaloso, impidiendo el sosiego de los vecinos (las personas comenzaban a murmurar, ¡Qué rey tenemos, que no atiende!), daba orden al primer secretario para que fuera a ver lo que quería el impetrante, que no había manera de que se callara. Entonces, el primer secretario llamaba al segundo secretario, éste llamaba al tercero, que mandaba al primer ayudante, que a su vez mandaba al segundo, y así hasta llegar a la mujer de la limpieza que, no teniendo en quién mandar, entreabría la puerta de las peticiones y preguntaba por el resquicio, Y tú, ¿qué quieres? El suplicante decía a lo que venía, o sea, pedía lo que tenía que pedir, después se instalaba en un canto de la puerta, a la espera de que el requerimiento hiciese, de uno en uno, el camino contrario, hasta llegar al rey. Ocupado como siempre estaba con los obsequios, el rey demoraba la respuesta, y ya no era pequeña señal de atención al bienestar y felicidad del pueblo cuando pedía un informe fundamentado por escrito al primer secretario que, excusado será decirlo, pasaba el encargo al segundo secretario, éste al tercero, sucesivamente, hasta llegar otra vez a la mujer de la limpieza, que opinaba sí o no de acuerdo con el humor con que se hubiera levantado.
Sin embargo, en el caso del hombre que quería un barco, las cosas no ocurrieron así...

Nota: Fragmento perteneciente al texto El cuento de la isla desconocida, del genial José Saramago. Porque su obra y su recuerdo son perennes, seguirá estando siempre entre nosotros.

7 comentarios:

Manuel Cortés Blanco dijo...

Os adjunto el enlace donde podréis encontrar el final de este cuento, así como otros del propio Saramago.
Un abrazo y nos seguimos leyendo.

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/por/saramago/cuentode.htm

ANTONIO MARTÍN ORTIZ dijo...

Requiescat in pace José Saramago.

Como dejó escrito Publius Ouidius Naso, al final de Las Metamorfosis (XV, 871-9):

Iamque opus exegi, quod nec Iouis ira nec ignis
nec poterit ferrum nec edax abolere uetustas.

Parte tamen meliore mei super alta perennis
astra ferar, nomenque erit indelebile nostrum.

Ore legar populi, perque omnia saecula fama,
siquid habent ueri uatum praesagia, vivam.

Y ya he terminado una obra que no podrá aniquilar ni la cólera de Júpiter, ni el fuego, ni el hierro, ni el tiempo devorador.

Pero, en la mejor parte de mí, yo viajaré inmortal por encima de los astros de las alturas, y mi nombre será indestructible.

Seré leído por la voz del pueblo, y, gracias a la fama, si algo de verdadero tienen los presntimientos de los poetas, viviré por todos los siglos.

Antonio Martín Ortiz

Mercedes dijo...

Gracias Manuel, leeré este cuento de Saramago, me gusta cómo comienza.
¿Qué tal la familia?
Un abrazo enorme.

Manuel Cortés Blanco dijo...

Hola Antonio: Muchas gracias por estar ahí y por un comentario tan oportuno. Ciertamente la obra de Saramago pervivirá al paso del tiempo.
Y hola, Mercedes: En efecto, es un cuento con todo el encanto de los cuentos. Decirte también que estamos supercontentos aunque, como ya nos habiáis avisado los amigos, ahora dormimos mucho menos.
Un abrazo para los dos y, por supuesto, nos seguimos leyendo.

LA CAJA DE ANBAIRO dijo...

Amigo Manuel:
Una vez más darte las gracias por las citas que nos ofreces. En este caso para que sigamos leyendo a tan ilustre escritor y lleno de sabiduría y humanidad.

Un poetabrazo

Cristina dijo...

Manuel,un cuento bonito y una bonita entrada sobre Saramago.Yo tambien pienso lo mismo.Besos

Manuel Cortés Blanco dijo...

Buenos días, Anbairo y Cristina:
Como siempre, agradezco mucho vuestros comentarios.
Aprovecho este saludo para reseñar una cita de Saramago que ahora resulta especialmente oportuna: "Espero morir como he vivido, respetándome a mí mismo como condición para respetar a los demás y sin perder la idea de que el mundo debe ser otro y no esta cosa infame".
Otro abrazo.